Publicado por Esquila Misional
«Amigos, la situación es bastante dura, hay que ser muy claros, si nos quedamos aquí corremos un inminente peligro. Ustedes verán qué hacen, los dejo en libertad, yo, por mi parte, no podría en conciencia volver a ejercer la medicina si ahora me voy de aquí» (Médico misionero director de un hospital en África central, ante una epidemia de Ébola).
Cuando, trabajando en África me tocaba ver morir a algún pequeño de malaria o desnutrición, muchas veces me preguntó la gente: «¿Por qué mueren los inocentes?, ¿por qué las guerras, el dolor y la enfermedad?, ¿por qué existe el mal en el mundo?». Honestamente, muchas veces no sabía qué responder (siempre encontré como verdadero desafío a la razón e incluso para la fe, intentar dar una respuesta «suficientemente coherente y convincente» a estas interrogantes), sólo sabía que yo estaba ahí para solidarizarme con su dolor, y que mi presencia en medio de ellos, de alguna manera tenía sentido.
Día a día, nos enfrentamos ante la realidad del sufrimiento, del límite humano y de los muchos «fraudes» que nos presenta la vida cotidiana. Paradójicamente, ante tales escenarios, algunos «se revelan contra Dios» y viven en la desesperación y el pesimismo; y otros «se acercan a Dios», recuperan su fe y le encuentran sentido a su sufrimiento.
El próximo 11 de febrero conmemoramos la Jornada Mundial del Enfermo. Esquila Misional, consciente de su vocación de hacer «causa común con los “últimos” de la historia», ofrece a sus lectores en este número, una reflexión netamente pastoral sobre la importancia de «crear empatía» con los enfermos, siendo en medio de ellos, testigos de un Dios amoroso que se «solidariza» con el que sufre.
Hacemos votos también para que nuestros lectores, ancianos y enfermos, se solidaricen con todos aquellos que viven en «sombras de muerte» debido a las situaciones de violencia y guerra a nivel mundial. Parafraseando a san Pablo, creemos que nuestro sufrimiento puede tener sentido en la medida que lo «unimos a los dolores de Cristo», y que, aún en la distancia y en la soledad de nuestros lechos de enfermos, podemos contribuir a la redención del mundo.
Cuando, trabajando en África me tocaba ver morir a algún pequeño de malaria o desnutrición, muchas veces me preguntó la gente: «¿Por qué mueren los inocentes?, ¿por qué las guerras, el dolor y la enfermedad?, ¿por qué existe el mal en el mundo?». Honestamente, muchas veces no sabía qué responder (siempre encontré como verdadero desafío a la razón e incluso para la fe, intentar dar una respuesta «suficientemente coherente y convincente» a estas interrogantes), sólo sabía que yo estaba ahí para solidarizarme con su dolor, y que mi presencia en medio de ellos, de alguna manera tenía sentido.
Día a día, nos enfrentamos ante la realidad del sufrimiento, del límite humano y de los muchos «fraudes» que nos presenta la vida cotidiana. Paradójicamente, ante tales escenarios, algunos «se revelan contra Dios» y viven en la desesperación y el pesimismo; y otros «se acercan a Dios», recuperan su fe y le encuentran sentido a su sufrimiento.
El próximo 11 de febrero conmemoramos la Jornada Mundial del Enfermo. Esquila Misional, consciente de su vocación de hacer «causa común con los “últimos” de la historia», ofrece a sus lectores en este número, una reflexión netamente pastoral sobre la importancia de «crear empatía» con los enfermos, siendo en medio de ellos, testigos de un Dios amoroso que se «solidariza» con el que sufre.
Hacemos votos también para que nuestros lectores, ancianos y enfermos, se solidaricen con todos aquellos que viven en «sombras de muerte» debido a las situaciones de violencia y guerra a nivel mundial. Parafraseando a san Pablo, creemos que nuestro sufrimiento puede tener sentido en la medida que lo «unimos a los dolores de Cristo», y que, aún en la distancia y en la soledad de nuestros lechos de enfermos, podemos contribuir a la redención del mundo.








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