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sábado, 28 de febrero de 2009

NUEVA CUARESMA: DIOS, YO Y LOS DEMÁS

I DOMINGO DE CUARESMA - CICLO B
Por Fray Marcos


LA CUARESMA: NUEVO ENFOQUE

“Perdona a tu pueblo Señor; no estés eternamente enojado, perdónalo Señor”. Desde niños hemos cantado cientos de veces esta estrofa con el corazón encogido. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. No sólo no es “buena noticia” sino que nos hunde en la más absoluta miseria.

Hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Dios. Jesús nos dice que el perdón es precisamente el punto de partida. Con esta perspectiva hemos arruinado todo proceso espiritual en nuestra vida.

Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido.

Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar otras explicaciones más de acuerdo con los datos que manejamos sobre el hombre, sobre el mundo y sobre Dios. Soy el fruto de una evolución y sigo avanzando. No he perdido nada, y mi obligación es alcanzar la máxima plenitud posible. La ruptura con Dios es imposible, porque Él forma parte de mi propio ser.

Esto no quiere decir que no falle. El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente.

El mal moral no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas. Una inercia de tres mil ochocientos millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por medio millón de años de trayectoria humana.

En efecto, el primer objetivo de todo ser vivo, fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a ese instinto, la vida no sólo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens sapiens”.

Su relativa perfección biológica permite al hombre unas relaciones con lo que no es él completamente distintas; ahora fundadas en la armonía y la amabilidad con todo ser. Pero permanece en él, el instinto de conservación que le lleva al individualismo egoísta.

La lucha está servida. La visión miope del ser vivo tiene que ser superado por un apropiado conocimiento de sus nuevas posibilidades y por un ejercicio de altruismo que le lleve a potenciar su ser por medio de esas nuevas relaciones.

Fijaros bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás.

La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo esas relaciones están basadas en el individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones está basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.


CONTEXTO EVANGÉLICO

En los tres ciclos litúrgicos, se lee, el primer domingo de cuaresma, el relato de las tentaciones. Este año leemos a Marcos. Es tan breve, que han tenido que añadir unos versículos de relleno. Sin embargo, la concisión no vacía de contenido la narración, sino todo lo contrario. Es impresionante la riqueza del mensaje


EXPLICACIÓN

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos puede estar diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos.

En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Marcos está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en Mateo y Lucas, y en Marcos. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Marcos no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal.

La clase de tentaciones que sufre y el resultado de la lucha será el tema de todo el evangelio, por eso no tiene sentido adelantar acontecimientos. En el evangelio de Marcos, no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora.

“Inmediatamente”. Así empieza el relato, pero como no sabemos lo que pasó antes, no tiene sentido decir: inmediatamente después; por eso comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”.

Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del espíritu. Este espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El espíritu le empujó. El verbo griego empleado es ekballw (ekballo) = empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto.

Al recibir el espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. No hace falta resaltar la importancia que tiene la figura del desierto en la espiritualidad del Antiguo Testamento. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible recordar todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto.

Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. Peirew (peireo) no significa en primer lugar tentar, sino probar. Para nosotros la tentación es un mal en sí misma, pero el sentido del verbo griego indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber aprobado si no hay examen.

En Mateo y Lucas, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha. En Marcos todo sucede a la vez y durante los cuarenta días: tentación, presencia de las fieras y servicio de los ángeles. Tampoco se da por terminado el tiempo de la tentación; sigue toda su vida.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas”, condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos.

Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera, era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. Aparte de lo difícil que resulta el saber qué quería decir la palabra ángel, tenemos el problema del verbo “servir”. El verbo que emplea es diakonew (diakoneô) que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. Su primer significado era, “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles.

Podría significar las fuerzas del bien, o la expresión de que Dios estaba de su parte. En el Nuevo Testamento, “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Se dice de algunas mujeres que “servían” a Jesús.


APLICACIÓN


Hoy no podemos hacer una aplicación concreta del evangelio. Toda nuestra vida tiene que estar orientada por la actitud de Jesús que acabamos de descubrir. Como él debemos afrontar nuestra existencia desde la perspectiva del espíritu de Dios, es decir dejándonos llevar por lo que hay en nosotros de divino, no por la inercia del instinto.


Meditación-contemplación


Sin lucha en el desierto, no puede haber victoria.

Oración

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándonos llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
que me dará fuerza y valor para derribar todos los ídolos.
……………



Ayuno

Si me creo sólo biología y sicología individual,
mi única meta será siempre el egoísmo.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

………..

Limosna

La relación con los demás es la pantalla
en la que puedo examinar mi disco duro.
Ella me dirá lo que de verdad hay dentro de mí.
Si no examino con cuidado lo que aparece al exterior,
nunca descubriré lo que tengo que cambiar dentro.

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 01 de Marzo de 2009 - I Domingo de Cuaresma - ciclo B

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 12-15

El Espíritu llevó a Jesús al desierto, donde fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Vivía entre las fieras, y los ángeles le servían.
Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Ya estamos metidos de lleno en la Cuaresma, y el primer cuadro que la Iglesia nos presenta en este Domingo es el de un Jesús tentado por Satanás. Marcos no nos hace la descripción detallada de los otros Evangelios sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. Es muy escueto. Pero con cuatro pinceladas magistrales nos abre todo un mundo a nuestra mirada, cuando nos dice:
- El Espíritu lanzó a Jesús hacia el desierto y allí permaneció durante cuarenta días, tentado por Satanás. Habitaba con las fieras, y los ángeles le servían.
¿Qué descubrimos en estas expresiones?... Adivinamos en ellas todo el ministerio de Jesús y vemos también lo que va a ser lo que tiene que ser toda la actividad evangelizadora de la Iglesia y de cada uno de nosotros, a saber:
un dejarse llevar del Espíritu Santo, empeñado en establecer el reino de Dios,
una lucha sin cuartel contra el enemigo, que no quiere soltar el dominio del mundo,
un renovarse a sí mismo para renovar la tierra,
y un confiarse en las manos de Dios que cuida de todos los suyos con amor.
El Espíritu Santo va a guiar toda la vida de Jesús, porque El mismo nos atestigua que no quiere hacer sino la voluntad de su Padre.
La lucha con Satanás va a ser implacable. Pero Jesús no se le va a rendir. El demonio gritará furioso una vez ante Jesús:
- ¿Qué tienes que ver conmigo tú, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a arruinarme?...
Y Jesús le contestará con imperio:
- ¡Cállate, y sal de aquí!...
Jesús y Satanás son dos fuerzas que se declaran la guerra abierta. El infierno detenía hasta ahora el imperio del mundo, pero viene uno más fuerte que se lo va a arrebatar para entregarlo a Dios.
En medio de su austeridad durante aquellos días tan duros, Jesús habita pacíficamente con los animales salvajes. En Jesús, vuelve el hombre a la paz con la creación del paraíso terrenal. El hombre nuevo, convertido a Dios, hará una realidad ese sueño de un Mundo Mejor, el mundo que Dios quería al principio y lo estropeó el demonio con su victoria sobre Adán y Eva.
En este mundo nuevo será Dios el Padre amoroso, y los ángeles del cielo se complacerán en servir a todos los salvados igual que sirvieron a Jesucristo.
Hasta aquí, lo que el Evangelio dice de Jesús. ¿Y no es ésta nuestra historia? ¿No nos vemos retratados aquí? ¿No es la Iglesia la protagonista de la lucha entablada hoy contra el enemigo del género humano?...La Iglesia ha visto siempre en estas tentaciones de Jesús y en su victoria sus propias tentaciones y su propio triunfo. Ha calibrado la lucha y no se rinde nunca. Ha aprendido estrategia, ha corregido errores, y sigue adelante en su empeño de establecer el Reino de Dios a pesar de todos los pesares...
El Espíritu Santo en nuestros días ha hablado a la Iglesia, a la Iglesia universal y a todas las Iglesias particulares, para que se renueven sin miedo, acepten los desafíos del mundo, y se den con amor a ese mundo que hay que salvar. ¿Qué otra cosa ha pretendido el Concilio Vaticano II, y en nuestra América más en concreto Medellín, Puebla y Santo Domingo?... Si somos fieles al Espíritu, está asegurada la victoria de Jesucristo y de su Iglesia. Cielo y Tierra se habrán unido para establecer y celebrar el Reino de Dios.
Cuando hablamos así, tan en general, de Jesucristo y de la Iglesia, es muy posible que nosotros, como particulares, nos escapemos del problema. Lo cual sería ciertamente una equivocación lamentable.
No, eso no. Porque Iglesia somos nosotros, y para mí y para usted y para todos en singular va este Evangelio en cada uno de sus detalles.
¡Hay que dejarse guiar del Espíritu Santo, y no del espíritu infernal que actúa en el mundo! Nos vienen soplando al oído con muchos errores, y nosotros no les podemos hacer ningún caso, como no se lo hizo Jesús al tentador que le venía en los días de su ayuno: ¡Come, bebe, no seas tonto y pásala bien! ¡Venga, hazte célebre, que todos te aplaudan! ¡Hazme caso a mí, que te prometo lo que nadie te puede dar!...
Jesús no hizo ningún caso a Satanás que así le hablaba. ¿Por qué nosotros hemos de prestar oídos a quien nos viene con palabras seductoras para hacernos tambalear en nuestra fe y en nuestra fidelidad a Dios?...
Hoy se ha puesto de moda el demonio. Se habla de él en novelas, se le dedican películas, y ¡qué horror también! se fundan sectas e iglesias satánicas para adorarlo... El demonio, que es astuto, calla. Su estrategia mejor es pasar desapercibido. Pero el maldito sabe lo que se hace. Han estado de moda también los exorcismos, por más que en muchos no hay sino pura imaginación. Aunque en uno famoso, en el que hubo de intervenir la autoridad de la Iglesia con toda determinación, el demonio hubo de confesar, obligado, decía él, por el de arriba: No podemos nosotros nada contra los que reciben los Sacramentos, contra los que invocan a la Gran Señora y obedecen al Papa.
Esta vez, “el padre de la mentira” tuvo que decir la verdad que le reventaba: nada tenía que hacer con los que reciben la Eucaristía, aman a la Virgen y son fieles a los Pastores de la Iglesia...
El cristiano, tentado y victorioso. Como Jesús en el desierto, igual. Como toda la Iglesia, igual. Y como Jesucristo y toda la Iglesia, convocado también a fiesta con los Angeles de Dios. ¿No vale la pena volverse a Dios con toda el alma en esta Cuaresma para gozar después de una Pascua feliz que no acabará?

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: SOLEDAD Y SILENCIO (Marcos 1, 12-15)


La Homilía Joven
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Para muchos, creo yo, la perspectiva de quedarse sólo y no oír nada, ni música, ni palabras, ni ruido, ni ver algo que se mueva, aparezca y desaparezca, les sentaría fatal. Un festival multitudinario, con música de mucha potencia, sería, en su imaginación, el colmo de la felicidad. Muchos hoy en día lo pretenden y muchos lo consiguen y, no obstante ello, abunda entre ellos la sensación de hastío. Por algo será.

El evangelio de Marcos es más escueto que los otros. El fragmento de la misa de hoy es un buen ejemplo de ello. Empezamos la cuaresma, no lo olvidemos, y las lecturas litúrgicas que se nos proponen pretenderán que preparemos interiormente la celebración de la Pascua que se aproxima.

El Espíritu del Señor planea sobre el paisaje, extinguidas ya las aguas del Diluvio, y Dios proclama su bondad y se compromete a continuarla (1ª lectura). El espíritu del señor resucita a Cristo, que acude a proclamar su mensaje a los encarcelados (2ª lectura). El espíritu del Señor mueve a Cristo a ir al desierto y entregarse a la oración (evangelio). Va allí donde no encontrará a nadie. Su única compañía pueden ser ángeles y animales salvajes, nada de fieras corrupias: algún zorro y tímidos damanes a lo más. Nadie semejante a Él: Dios-hombre, con quien charlar o jugar a los dados.

Pero no, se encontrará con el maligno. El desierto es el campo de batalla o, mejor, el gimnasio de entrenamiento. Otros evangelistas nos hablan de las tentaciones que hubo de vencer, Marcos no. Es suficiente lo que nos dice. El señor salió fortalecido de la experiencia y pudo entregarse a su misión que iba a empezar en Galilea. Cuando el demonio volvería más tarde, en un ataque más feroz, allí en Getsemaní, todavía a Jesús le quedaban fuerzas adquiridas en el desierto, donde se vacunó, diríamos en lenguaje de hoy. En renovadas y periódicas oraciones, al amanecer o por la noche, en lugares apartados, minúsculos desiertos, a las afueras de la ciudad o en el monte vería renovado el vigor espiritual, como cualquiera de vosotros, mis queridos jóvenes lectores podéis encontrar cerca de donde viváis.

2.- A veces os interesáis por saber como se ha preparado, como ha llegado, un campeón atlético, el vencedor de un concurso u oposición profesional, o la más grácil bailarina, os explican como se entrenaron, pues, ya lo sabéis, el discípulo de Cristo, el fiel cristiano, empieza por darse, de cuando en cuando, a la vida en soledad, gustando del silencio. Así, de esta manera, puede uno, con más facilidad, encontrarse a Dios, dialogar, preguntarle, contarle sus cuitas. Esto es orar. Muchos a esto le llaman cargar baterías y tiene gracia la expresión. Vosotros sabéis lo importante que es no descuidarse cada noche de poner a cargar el móvil. Pues, mucho más lo es llevar la vida divina en plenitud dentro del alma, vivir en Gracia, gozar de la felicidad sin límites.

3.- PRECISIONES MARGINALES.- El lugar donde la tradición sitúa el retiro espiritual del Señor es el monasterio de la Cuarentena, encima de Jericó. De Jerusalén hacia el Este, se extiende un desierto que se llama de Judá. No tiene más de treinta kilómetros. Es, pues, pequeñito, pero áspero y feroz. No se trata de una llanura ondulada suavemente por dunas, como imaginamos comúnmente es el desierto. Este es un conjunto de montículos fragmentados por lo que llamamos wadis. Por uno de ellos baja la carretera que va de la Capital al valle del Jordán. Se sube al lugar tradicional por un empinado camino de no más de media hora. No hace mucho han instalado un teleférico, nunca he subido en él. Pero imagino que el Señor, para gustar de la soledad, se adentraría más hacia el Oeste, quedando sometido a lo absoluto de las peladas colinas de las que está sembrado este desierto. A mi me gusta, cuando puedo, abandonar la carretera, sentarme en algún rincón, piso arena y veo sólo espinosas y pequeñas plantas. ¡Que grande ve uno entonces la humildad de Jesús y su enorme personalidad! ¡Nunca he admirado tanto a Cristo como en este lugar, donde nunca he podido verlo!

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: EL DILUVIO UNIVERSAL (Marcos 1, 12-15)

Por Neptalí Díaz Villán CSsR.
Publicado por Misioneros Redentoristas

La primera lectura surgió cuando el pueblo vivía exiliado forzosamente en Babilonia entre los años 587 y 538 a.C. El desarraigo de su tierra y la fuerza arrolladora que ejercía la cultura dominante, complementados con la explotación a la que era sometido, amenazaban el idioma, la cultura y la religión o sea la identidad del pueblo como tal.

Como es sabido, el hombre primitivo contemplaba admirado los astros y la madre naturaleza que, con sus bondades, le proporcionaba alegría o, con sus desastres, lo llenaba de temor. Con esta inspiración elaboró mitos cosmogónicos y ético religiosos, y fue estableciendo cánones de conducta que más tarde los estados confesionales les darían carácter de ley político religiosa.

La experiencia religiosa de toda la zona mesopotámica (donde estaban exiliados los judíos, en Babilonia, actual Irak), se basaba en el miedo a los desastres naturales. Los ríos Tigris y Éufrates les proporcionaban grandes bondades para el regadío de sus cultivos, para sus ganados y para el consumo humano; pero, aunque no era una zona muy lluviosa, en ocasiones se daban crecidas y desbordamientos de los ríos que destruían e infundían terror. La bondad y peligrosidad de la naturaleza eran vistas como acciones de los dioses que se podían modificar si la conducta humana se acoplaba o no a su voluntad. ¿Quién determinaba cuál debía ser la conducta humana para agradar a los dioses? He ahí el dilema.

Aquí entramos directamente en el tema del diluvio. El diluvio o cataclismo universal, es mencionado en muchas tradiciones mitológicas y religiosas (india, griega, china, judía, babilónica, etc.). Según estas tradiciones, en otras épocas el mundo había sido destruido por obra de Dios o de los dioses, para purificarlo. La religión oficial del imperio Babilonio con el rey Nabucodonosor II a la cabeza, amenazaba a sus súbditos con un nuevo diluvio universal si no obedecían sus designios, incluidos los sacrificios humanos en honor a los dioses, llevados a cabo en la torre de Babel, lugar donde pretendían estar más cerca del cielo (Gen 11,1-9). Por su parte, los Maestros judíos en la cautividad lucharon contra esa aculturación[1] y, con los mismos medios (mitos, leyendas, etc.), contradijeron la versión oficial para defender su identidad y sus derechos como pueblo.

Según el relato del Génesis (Cap. 6 al 10 ‘1ra lect.’) Dios, por la maldad del hombre y para purificar la humanidad, envió el diluvio durante cuarenta días y todo ser vivo que existía sobre la tierra murió, exceptuando los que estaban en el arca de Noé. La novedad del relato bíblico consistía en la promesa de Dios de no volver emplear este mecanismo para purificar: “les prometo que las aguas del diluvio no volverán a exterminar la vida; no habrá otro diluvio que arrase la tierra”. Con este contra-cuento se pretendía superar el miedo al diluvio y, por tanto, el miedo a los designios del rey que manipulaba las conciencias y amenazaba las masas con sus engaños y mentiras.



Superada la religión de miedo, hay cabida para un nuevo pacto de Dios con la vida. Superada la religión del miedo, hay cabida para construir pueblo a partir de convicciones profundas, con proyectos concretos que nos animen y nos hagan arriesgar la vida por ideales realizables. Las nubes y su amenaza de lluvia, la magia y el color del arco iris que generaban miedo, fueron convertidos en signos del compromiso de Dios: “Pongo mi arco en las nubes, como señal de mi compromiso con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá el arco iris, y me acordaré del compromiso que tengo con ustedes y con todos los seres vivientes, las aguas no causarán otro diluvio que acabe la vida”.



Y toda esta historia ¿para qué? Para ayudarnos a comprender que hoy estamos invitados a cuestionar los mitos imponentes que embotan nuestra mente; a releer y reinterpretar estos textos sagrados, y a abandonar la religión del miedo. Necesitamos purificar nuestra vida, pero no por miedo al castigo, sino como parte de un proyecto personal y comunitario. Necesitamos purificar el amor, de todo miedo, de toda dependencia esclavizante y de todos los intereses mezquinos, para que desde la libertad y con la gracia de Dios podamos construirlo a plenitud. Necesitamos purificar nuestras costumbres sociales y políticas; dejar el clientelismo, combatir la corrupción y sobre todo la indiferencia y el miedo a quedarnos sin el mísero apoyo de los políticos infectos que manejan la historia a su antojo. Nos queda la tarea de mirar con criticidad las ideologías que dominan nuestro mundo y descubrir caminos para que, desde la fe y en la diversidad, trabajemos por una casa común donde haya vida abundante.



CONVIÉRTANSE Y CREAN EN EL EVANGELIO

En algunas partes del mundo (Venecia, Colonia, Río de Janeiro, Barranquilla, etc.) se vivieron unos días intensos de carnaval. Tiempo para resucitar lo bueno de las deidades “paganas”, que en nuestra Patria Grande (Latinoamérica y el Caribe) heredamos de amerindios y africanos. Tiempo para las diferentes manifestaciones culturales, el esparcimiento, la alegría y la bulla, la danza y el baile. Ambiente para liberarnos de “los malos espíritus” y una oportunidad para satisfacer nuestra necesidad humana de reír.

Algunos lo rechazan tajantemente, otros lo disfrutan sanamente, y otros lo toman como una válvula de escape; una oportunidad para sentirse libres y manifestar lo que se es, así sea ocultándose bajo el anonimato de la máscara y el disfraz, oposición entre lo que se es y la apariencia. Tiempo para olvidar la bochornosa vida cotidiana, y medio para evadir responsabilidades. El carnaval quien lo vive es quien lo goza. Quien lo ignora desconoce la magia, el colorido y la riqueza humana de nuestro mundo mestizo que lucha contra la esclavitud y busca la libertad… Quien lo critica mordazmente deja ver su amargura y quien lo vive irresponsablemente, sufre sus peligrosas consecuencias. Cada uno puede hacer su balance.

Para los cristianos viene ahora un nuevo tiempo: la cuaresma. Como todo en esta vida, sobre la cuaresma también hay diferentes posturas: algunos la rechazan, otros se burlan, a otros le es indiferente y algunos la viven de manera fanática. Aunque puede ser desviada, no es precisamente el tiempo para la flagelación, para llorar sobre la leche derramada, ni para sentirse iguales a los gusanos más asquerosos sobre la tierra, lleno de pecados, miseria y dolor.

Así como podemos disfrutar sanamente del carnaval o de cualquier otro medio lúdico, podemos también aprovechar al máximo esta cuaresma. No serán cuarenta días de tenebroso diluvio, serán cuarenta días de desierto, como lo sugiere el evangelio. Es decir, días para tomar conciencia de nuestra débil naturaleza humana sometida al hambre, la sed y a la constante tentación de volver a la esclavitud, como la vivieron los israelitas en los cuarenta años de desierto, camino a la tierra prometida.

Cuaresma es una oportunidad para la reflexión, es decir, para hacer una flexión hacia dentro, para dirigir una mirada hacia nosotros mismos. Para descubrir nuestra desnudez en lo profundo de nuestras conciencias, núcleo central del ser humano. Para vernos tal como somos, sin máscaras, sin disfraces y sin risas falsas. Para descubrir las alimañas y los ángeles en nuestras vidas. Para encontrarnos con Dios, evaluarnos, conocernos y reconocernos, y escuchar al Señor que nos tiene una Buena Noticia: “el Reino entre nosotros”; y una invitación: “convertirnos y creer”.

Durante este retiro cada uno puede preguntarse: ¿Estoy caminando con Jesús hacia la construcción del Reino? ¿El Reino de Dios hace parte de mi opción fundamental? O, ¿es una palabra más en la múltiple gama de palabras con un significado misterioso, un cuento por el que un loco llamado Jesús dio su vida, pero aún no he entendido por qué?

Conversión implica cambio: cambio de mentalidad, cambio de valores, cambio de paradigmas, cambio de vida. ¿Necesito convertirme? ¿De qué necesito convertirme?

¿Creo en la Buena Noticia del Reino? Es decir, ¿aún por encima de tanta agresión y sufrimiento, de injusticias que causan miseria y muerte, creo que es posible un mundo justo, fraterno e igualitario? Aunque por mi naturaleza limitada caigo muchas veces en egoísmos, envidias y rencores, en fin, en pecado; ¿creo que Dios, por su infinita misericordia, me perdona y conduce mi vida hacia la plenitud? Aunque a veces pareciera que el mal rigiera los caminos de nuestro mundo ¿le creo a Jesús, camino con él y trabajo ayudado de su gracia para que en este mundo reinen la verdad, la alegría y el amor misericordioso, es decir, para que reine Dios?

La Cuaresma no es escape del mundo para rezar porque “el que peca y reza empata”; no es tristeza, llanto y luto. Es reflexión, interiorización, evaluación y encuentro con nosotros mismos y con Dios. Vive la cuaresma y ella te ayudará a vivir mejor.

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Apoyo para la Homilía y la Reflexión personal: Llenar la carne de Espíritu

I Domingo de Cuaresma - Ciclo B
Por José Enrique Ruiz de Galarreta, S.J.


LA CUARESMA

La Pascua es el segundo “tiempo fuerte” del año litúrgico. Su centro está en la celebración de la Resurrección: la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. Esta celebración se prepara con cinco semanas, la Cuaresma, que recuerdan los cuarenta días de oración de Jesús en el desierto antes de lanzarse a los caminos de Galilea a predicar la Buena Noticia. Estas cinco semanas desembocan en la Semana Santa, en que recordamos la Pasión y muerte de Jesús, como último escalón antes de la Resurrección. Después celebraremos la Ascensión del Señor y Pentecostés pero antes de estas dos fiestas intercalaremos otras cinco semanas, recordando los cuarenta días
en que, según Lucas, Jesús resucitado se apareció a los discípulos instruyéndolos sobre el Reino de Dios.
Si el Tiempo de Navidad ponía los cimientos de la Buena Noticia, anunciando a Dios con nosotros Libertador, el Tiempo de Pascua nos introduce en el corazón mismo del mensaje: el amor de Dios que descubrimos en Jesús, capaz de entregar su vida por todos, y el poder del amor de Dios, más fuerte que la muerte y que el pecado.
Tanto en la Pascua como en la Cuaresma se han introducido, en la fe y en la celebración litúrgica, algunas formulaciones y conceptos que tienen poco que ver con el mensaje de Jesús.
Se nos ha presentado la Cuaresma ante todo como un tiempo de penitencia, de pedir a Dios perdón de nuestros pecados, insistentemente, como si, a fuerza de penitencias y súplicas lográramos que se ablandase un poco el Juez Justiciero. Y no es así: Dios ofrece siempre el perdón, de antemano, gratuito, porque es Abbá, porque me quiere más que mi madre. Lo nuestro es darnos cuenta, volvernos a Él y aceptar con alegría.
Se nos ha presentado también la muerte de Jesús en la cruz como un sacrificio cruento, parecido a los sacrificios de corderos en el Templo: y el dios juez justiciero, airado por nuestros pecados, depone su ira viendo la sangre de su propio hijo y nos perdona. Es una caricatura macabra y, nunca mejor dicho, sangrienta. Jesús crucificado no aplaca al Padre, sino que muestra cuánto nos quiere el Padre. No hace falta ningún sacrificio, ninguna sangre, para que Dios nos quiera.
El mensaje de la Pascua y de la Cuaresma es profundo, no lo manchemos con prehistóricas concepciones de la divinidad airada ni de la sangre ritual propiciatoria.
Todas esas cosas fueron quizá la fe de un Israel primitivo que entendía todavía poco de Dios. Pero desde Jesús sabemos de Dios mucho más. No cometamos el error de entender a Jesús desde el Antiguo Testamento. Es al revés, entendemos el Antiguo Testamento, lo válido y lo inválido del mismo, desde Jesús. Sacrificios, expiaciones, dioses airados … Jesús terminó con todo eso y que todo eso ha terminado es también parte de la Buena Noticia.


DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA
Llenar la carne de Espíritu.

T E X T O S

Comenzamos el Tiempo de Cuaresma. Cuarenta días de camino hacia la Pascua. En este primer Domingo, el centro básico del Mensaje está al final del Evangelio de Marcos: "Convertíos y creed en la Buena Nueva". Los otros textos comienzan a exponer la conversión, como obra del Espíritu, y a preparar la catequesis del Bautismo, por el que nos incorporamos a Cristo.

Del libro del Génesis (9: 8-15)
Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él: «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.» Dijo Dios: «Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpetuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes, y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne».

De la primera carta de Pedro (3: 18-22)
Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu. En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los días en que Noé construía el Arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a través del agua; a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo, que, habiendo ido al cielo, está a la diestra de Dios, y le están sometidos los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades.

Del Evangelio de Marcos (1: 12-15)
A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Noticia».


TEMAS Y CONTEXTOS

EL RELATO DEL GÉNESIS
Es un relato del Código Sacerdotal que utiliza materiales de la tradición Yahvista. El diluvio fue sin duda una catástrofe natural de la que queda constancia en muchas tradiciones de los pueblos antiguos. El Yahvista y el Sacerdotal la recogen y hacen de esta catástrofe un gran sermón penitencial, considerándola un castigo de Dios por los pecados.
Pero el fragmento de hoy es totalmente específico de Israel: Dios no es un ser temible que puede en cualquier momento destruir la creación entera: Dios es un aliado. Mientras los seres humanos obedezcan la Ley de Dios, pueden contar con Él.
El signo de esta Alianza no puede ser más expresivo: el arco iris. No es un arco de piedra, algo arquitectónico. Es el arco de guerra de Dios vengador. Dios ha disparado sus flechas que han estado a punto de exterminar toda vida; pero ya no: el sacrificio de Noé ha aplacado a Dios, y Dios ha colgado su arco de guerra en el firmamento, como muestra de que ya no va a intentar nunca destruir a la humanidad.
A la vista está que es una tradición y una espiritualidad antiquísima. Es la prehistoria de nuestra fe. De aquí a la teología de Juan ("Dios hecho hombre por salvar") hay un larguísimo camino por recorrer. Pero reconocemos ya en esta vetusta tradición la semilla de nuestra misma fe en Dios Salvador.

LA CARTA DE PEDRO
Es un texto escrito probablemente en Roma después de la muerte de Pedro, y fundado en su predicación. Su "teología del diluvio" y de la acción de Cristo sobre lo antepasados nos resulta un tanto lejana. Nos quedamos solamente con la idea de que es un texto bautismal, centrado en "salvados a través del agua", imagen muy usada en la primera Iglesia, en la que el agua es el mal, el pecado, la muerte (como realidad y como símbolo) de que se salva Jesús, salvado de la muerte por el Espíritu, y nosotros, que nos incorporamos a su resurrección por el Bautismo.

EL EVANGELIO DE MARCOS
El evangelio de Marcos comienza con la predicación del Bautista (1:1-8), el Bautismo de Jesús (1:8-12), y el fragmento que hoy leemos (1:12-15) Marcos presenta muy esquemáticamente la cuarentena de oración y ayuno de Jesús en el desierto. Mateo y Lucas la desarrollan más (las tres tentaciones ) y Juan la omite.
Se muestra el retiro de Jesús, su tentación y el principio de su predicación. Movido por el Espíritu. El bautismo de Juan es presentado en todos los evangelistas como infusión del Espíritu. Jesús, pleno del Espíritu de Dios, va a comenzar el anuncio de la Buena Nueva. El Espíritu le lleva a cuarenta días de soledad, de oración y ayuno, en que se incluye la tentación. El tema de la tentación no es lo central en este domingo. Jesús se prepara para su trabajo con un tiempo de oración y soledad. Retirarse a orar en soledad será una costumbre de Jesús, frecuente en su vida, y lo hará muy especialmente en los momentos más importantes.
Los cuarenta días son simbólicos, como siempre en la Biblia. Son los cuarenta días de peregrinación de Elías al Horeb, al encuentro de Dios. Son los cuarenta años de peregrinación del pueblo por el desierto... Cuarenta, un ciclo completo. Jesús termina su ciclo completo de preparación, en soledad, oración y ayuno. Esta preparación ha dado origen a la Cuaresma. Cuarenta días de camino hacia la Pascua.
Marcos parece indicar que Jesús empieza su predicación justamente cuando Juan es encarcelado, pero la conexión temporal de los dos párrafos puede no ser más que un recurso redaccional.
El centro del pasaje se encuentra sin duda - en Marcos - en el contenido del principio de la predicación de Jesús:
"El Reino de Dios está cerca: convertíos y creed en la Buena Nueva"
Viene a ser como el pregón de toda la predicación de Jesús, el anuncio de todo lo esencial de su contenido. Inmediatamente después se describe el comienzo de su predicación en Galilea, que hemos leído en los domingos anteriores (domingos 2-9 del Tiempo Ordinario)


R E F L E X I Ó N

Es fácil identificar esos cuarenta días con unos días de "penitencia por los pecados". Y la presencia del Carnaval ha acentuado esa práctica. Llevado hasta el extremo, se entiende a veces como unos días de purificación por el resto del año en que no nos preocupamos de ello. No es necesario insistir en la poca validez del planteamiento.
Pero, más en profundidad, tampoco nos basta con "penitencia por los pecados". El concepto que se maneja es más fuerte: conversión, y, en este sentido, la Cuaresma sirve para revivir uno de los aspectos más básicos, diríamos que el primero, de nuestra vida religiosa. Es el primer mensaje de Jesús: "Convertíos".
Convertirse es "volverse", "ir en otra dirección", "cambiar de mentalidad” El encuentro con Jesús produce un cambio, un cambio de dirección, de criterios, de valores. El cambio es, ante todo, "creer en la Buena Noticia". Por tanto, volvemos a los orígenes de nuestra fe, a aquello que nos hace llevar una vida distinta: que creemos en la Buena Noticia que Jesús trae.
Esto plantea el enfrentamiento entre "la carne y el espíritu". En el lenguaje del Nuevo Testamento, estos son dos términos que indican simplemente la vida del creyente la vida animada por el Espíritu) y la vida dedicada a las cosas perecederas, la vida sin espíritu de Dios. La acción de "El Espíritu" es el trabajo de Dios por salvar. Aceptar la Buena Noticia es aceptar ese concepto de Dios, esa visión de la vida, esa misión para la vida de cada uno, vivir con el Espíritu de Jesús. Con ese Espíritu, la vida es algo diferente, es una vida nueva, renovada, salvada de la oscuridad, de la muerte.
Todo esto lo celebramos en el Bautismo, con el signo del agua. Por eso está presente en este domingo la mención del Diluvio. En aquel desastre natural, el agua fue la muerte para muchos. Los autores del relato bíblico entienden la acción de Dios con Noé como “salvarlo de las aguas”, salvarlo del desastre, de la muerte. Éste es el primer simbolismo - bastante olvidado - del agua del bautismo, y por eso se celebraba en la primera iglesia “por inmersión”: se sumergía al catecúmeno en el agua y se le sacaba de ella. Era el símbolo de que Dios nos salva de la muerte. Era también un símbolo de la resurrección de Jesús: sumergido en la muerte y salvado de ella por el poder de Dios.
Pro es un texto peligroso. Antes, Dios ha decidido exterminar al género humano a causa de sus pecados, y éste dios no es Abbá. Ahora es aplacado por el sacrificio de Noé, y esta acción ha sido presentada para explicar la muerte sangrienta de Jesús como sacrificio que aplaca la ira de Dios. Finalmente, Dios se muestra como aliado ¿de quién? Israel lo entenderá no pocos veces como aliado suyo, de ese pueblo, contra otros pueblos. Graves peligros. Quizá sería necesario explicarlo detenidamente, pero no habrá tiempo en una homilía. Quizá podríamos repetir la primera lectura del domingo pasado (7º TO). Porque el tema básico que transmite el evangelio es más válido y profundo.
Toda nuestra celebración de la Pascua tiene un tema fundamental: Dios salvador de la muerte, Dios más fuerte que el mal. Por eso, el centro de la celebración no es el pecado o la penitencia, sino la resurrección, el triunfo del bien, que se realiza en Jesús resucitado, el Primogénito, detrás del cual vamos todos nosotros.
La Cuaresma es por tanto el principio de un camino que conduce hacia la Vigilia Pascual, con la renovación de nuestro Bautismo. El día en que nos bautizaron empezó para nosotros una vida nueva, una vida inspirada y animada por el Espíritu de Jesús.
Jesús muerto y resucitado es el origen de esa vida nueva, y cada año, al recordar y celebrar su muerte y su resurrección, celebramos nuestra incorporación a esa nueva vida.
La muerte se toma siempre en dos sentidos: la muerte como término de la vida, como paso a la vida definitiva y como última prueba para la fe. Pero también la muerte como símbolo: nuestra vida anterior, la que llevábamos antes de seguir a Jesús, atenta a los criterios y valores mundanos, ha muerto. Vivimos ya otra vida, resucitados, salvados de aquella vida que no es vida.
Es ésta una parte fundamental del mensaje de Jesús: “convertíos” viene a significar lo mismo que “despertad”, “salid de la muerte”, “asomaos a la Vida plena”. Por eso la Noticia es Buena, es una invitación a vivir, a vivir más plenamente. La vida de los seguidores de Jesús está invitada a la plenitud, a ser más plenamente humana. Una Vida comparada con la cual lo anterior es estar muerto. Que existe ese otro modo de vivir, que ese modo de vivir es la obra de Dios, que todo eso lleva al ser humano a su plenitud, es una muy Buena Noticia.
Así, el primer mensaje de la Cuaresma es una invitación a vivir en plenitud, a dejar que la vida se llene del Espíritu, siguiendo a Jesús, que, lleno del Espíritu, empieza su camino, un camino que no lleva a la cruz sino que pasa por la cruz y llega hasta la Vida definitiva.
Para terminar, es muy significativa la última frase del evangelio de Marcos: Jesús sale a los caminos a invitar a la conversión. Más allá de su verdad histórica, es una magnifico símbolo de la espiritualidad del cristiano: no ha ido él a buscar a Dios, sino que Dios ha ”bajado” a sus caminos, a encontrare, a invitarle. Lo nuestro es responder. Por eso, la cuaresma no es un esfuerzo nuestro “ a ver si Dios me perdona”, “ a ver si Dios me escucha”. Es un esfuerzo de Dios para que yo le escuche, una oferta de perdón, una oferta de vida: “Convertíos” significa simplemente, hacedle caso, aceptad la oferta de Dios Salvador.


PARA NUESTRA ORACIÓN

LA CONVERSIÓN

Convertirse, cambiar. Cambiar nuestra imagen de Dios. No es el que estropea la vida con mandamientos que la hacen más pesada. NO es el que amenaza para que le obedezcan bajo pena de muerte. ES EL QUE SALVA LA VIDA DEL DESASTRE.
Esto es como quitarse unas gafas que nos hacen ver todo con falsos colores. El concepto de bien y mal nos pueden engañar: bien es lo que apetece inmediatamente - mal es lo que no apetece. Pues no: bien es lo que sirve para la Vida - mal es lo que estorba la Vida. Conversión es cambiar de fin y por tanto de medios, de meta y por tanto de dirección. Y también de motivos. El fin y la meta es la plenitud humana, que se consigue en Dios. Los medios son la manera de vivir que muestra Jesús. Dios es el que anima y da fuerza para todo eso, para que la vida llegue a plenitud.
Cambiar nuestra vida en algo más válido. Convertir el agua en vino. Convertir el trabajo, el descanso, el ocio, el sufrimiento, la muerte... convertirlo, cambiar su sentido y su valor. Es la Buena Noticia: todo está convertido ya. Se trata de aceptar la Buena Noticia. La Buena Noticia es una noticia: "Escuchad: no hay que temer a Dios, os quiere.
No se pierde la vida. No se acaba en la muerte....." Aceptar la buena noticia es aceptar que todo puede convertirse en divino, válido, con sentido.
Es la obra de la fe. No se entiende la fe sin cambio de vida. Quizá el cambio no es hacer otras cosas, sino hacerlo todo con otro sentido: poner el Espíritu de Jesús en la carne de nuestra vida.
La carne y el Espíritu. Hay un "mal espíritu" que nos inclina a estropear la vida. La tentación de Jesús nos lo muestra. En el misterio del hombre está inscrito, como parte de ese pecado original, fuente y origen de todo pecado, esa afición por estropear la vida, por atender a lo que apetece pero no conviene. La primera manifestación de ese "mal espíritu" es trivializar la vida, no darle importancia, no animarla del Espíritu de Dios, tirar la vida en lo que no merece la pena. La segunda manifestación es sin duda no aceptar la Buena Noticia: fíate de Dios, que es tu Padre. La tercera, no aceptar la vida como Misión de Dios, misión de salvar, de servir. Son nuestras tres tentaciones La Buena Noticia, el Tesoro que se nos ofrece, es que compramos mucho por poco. Es
verdad que hay que vender el campo, que hay renuncias que hacer. Pero la Buena Noticia es anterior: por eso vendemos el campo, porque hemos encontrado,. previamente, un estupendo Tesoro. Esto es sin duda "El Reino".
Y ni siquiera se trata de que viviendo así se es más feliz. No recibimos gratificación alguna por vivir así. El premio es vivir así, vivir válidamente. Quizá esto produzca paz, satisfacción, felicidad... son un buen síntoma, pero no es ese el fin. El fin es no tirar la vida. El fin es la salvación. La Buena Noticia es "la vida está salvada", y por poco precio por nuestra parte.

CONTEMPLACIÓN

Imaginar la escena: vamos por un camino, en una dirección. Nos cruzamos con Jesús, nos fascina su Buena Noticia … y cambiamos de rumbo; nos vamos con él. Contemplar la vida, la de las personas en general: nacer, afanarse, sufrir, trabajar, envejecer, morir... Necesita ser salvada. Pedir a Jesús sus ojos para verla como es.
Contemplar la intranscendencia de la vida humana, el sin sentido de todo. Ver mi propia vida, desde el final, desde la vejez... valorar...
Pedir a Dios que salvemos la vida, que sirva, que valga... Pedir por todos los hombres, para que encuentren el sentido, el valor... Pedir que se proclame la Gran Noticia.
¡ESTAMOS EN EL REINO!
Estamos en el Reino, conocemos a Dios, sabemos quiénes somos, toda la vida tiene sentido y valor, tenemos misión … ¡No nos podemos conformar con menos!. Jesús nos ha traído la mejor de las noticias: pensábamos que Dios era temible, que estábamos amenazados de dios, amenazados de muerte. Pensábamos que la vida acababa en la muerte o que después de la muerte nos amenazaba el juicio severísimo del Juez Supremo. Jesús lo ha cambiado todo: la vida es camino para la Vida, la muerte es llegar a casa. Cuando lleguemos, nos espera nuestra madre con la mesa puesta. El final no es el juicio sino el banquete.
Pensábamos que Dios nos vigila, al acecho de nuestros pecados. Y Jesús nos muestra que Dios es el pastor que nos cuida para que no nos perdamos, para que encontremos alimento, el médico que cura nuestras heridas. Más aún, Él es la luz, el agua y el pan.
En la Vigilia Pascual lo celebraremos con tres preciosos símbolos: el cirio, el agua y el pan/vino de la eucaristía: todo eso es Dios para nosotros, que le hemos creído a Jesús.
Por eso, Jesús, luz, agua, pan y vino, es lo mejor de la Buena Noticia.


O R A C I Ó N
SALMO 118

Podemos entonar este cántico con mucho más sentido que su mismo autor, refiriéndolo a Jesús, a la Buena Noticia. Damos gracias a Dios porque Jesús es su respuesta a nuestras necesidades más íntimas.
¡Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
¡Digan los que temen al Señor:
que es eterno su amor!
En mi angustia grité hacia el Señor,
Él me respondió y me dio respiro;
El Señor está por mí, no tengo miedo,
¿qué puede hacerme daño?
El Señor está por mí, entre los que me ayudan.
Mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los hombres;
mejor es refugiarse en el Señor.
El Señor vino en mi ayuda;
mi fuerza y mi cántico es el Señor,
él ha sido para mí la salvación.
No, no he de morir, que viviré,
y contaré las obras del Señor;
Gracias te doy, porque me has respondido,
y has sido para mí la salvación.
La piedra que los constructores desecharon
se ha convertido en piedra angular
esta ha sido la obra del Señor,
una maravilla a nuestros ojos.
¡Este es el día que ha hecho el Señor
exultemos y gocémonos en él!
Porque el Señor, da la salvación!
el Señor da la victoria!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!

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I Domingo de Cuaresma - Ciclo B: INICIAMOS OBRA (Marcos 1, 12-15)


“En aquel tiempo Jesús se quedó en el desierto durante cuarenta días, dejándose tentar por Satanás”. San Marcos, cap. 1.

1.- “Líbranos, Señor de todos los males, pasados, presentes y futuros”, rezábamos anteriormente en la Misa. Otros redactores, menos pesimistas quizás, simplificaron la fórmula refiriéndola sólo a “todos los males”. Donde obviamente se incluye la penúltima petición del Padrenuestro: “No nos dejes caer en la tentación”. Aunque la tentación no es un mal en sí misma, pero encierra peligros inminentes.

Al iniciar la Cuaresma, los evangelistas nos cuentan que también Jesús sintió en su interior esa ruda tensión entre el bien y el mal. Lo cual comprueba su condición de hombre verdadero. El episodio lo trae San Marcos en forma abreviada, sin detallar el número y el objeto de tales tentaciones, como sí lo hacen otros evangelistas.

2.- Pero captamos que Jesús fue tentado en relación con su tarea de Mesías: O aceptaba un camino lleno de persecuciones y dificultades que culminaría en la cruz. O buscaba un estilo triunfante, muy lejano de nuestra situación de criaturas y de pecadores. Y el Señor aceptó lo primero. El relato de los evangelistas no es meramente un texto pedagógico, según señalaron algunos. Al Señor sí lo atrajo el mal, como nos ocurre a nosotros, pero nunca aceptó el pecado en lo más mínimo. “Compartió el peso de nuestras debilidades”, dice la carta a los Hebreos. “Fue probado en todo igual que nosotros”.

3.- Los cristianos verificamos a cada paso que ser hombres equivale a ser tentados. “Confieso que he vivido” señaló Pablo Neruda. Confieso que he sido tentado y muchas veces he caído en la tentación. Así puede afirmar cada discípulo de Cristo. Sin embargo tal verificación no puede amilanarnos. La presencia de Jesús a nuestro lado, de aquel que se “encarnó de Santa María la Virgen… murió, fue sepultado y resucitó al tercer día”, garantiza la acción del Señor en cada uno de nosotros. Nos asegura que el mal no tiene la última palabra. Ni a nivel personal, ni tampoco a nivel comunitario. Pero el programa de salvación que Dios ofrece de manera gratuita, exige nuestra asidua colaboración. La cual realizamos cada día, en medio de las muchas tentaciones que nos asedian.

4.- Durante la Cuaresma, pudiéramos entonces señalar nuestra casa con este letrero: “Iniciamos obra”. Es decir, aquí habita alguien que cree en la posibilidad de ser distinto. Alguien capaz de olvidar su tortuoso pasado. Aquí vive un hijo de Dios, comprometido a no explorar los caminos del mal. Aquí hay alguien amigo de la vida, fanático de la felicidad y de la transparencia. Aunque sería más exacto escribir: “Dios ha iniciado su obra en nosotros”. Porque durante este tiempo quitaremos los obstáculos que impiden al Señor realizar sus maravillas. Una Cuaresma positiva es aquella en la cual sentimos y comprobamos que Dios derrama en nosotros serenidad, fortaleza, orden, claridad, perdón.

5.- En la plaza de aquel pueblo olvidado, un árbol gigantesco derramaba su sombra sobre justos y pecadores. Decían que era un samán y un viejo, asiduo inquilino bajo sus ramas misericordiosas, invitaba a los transeúntes a admirar aquel prodigio. Pero enseguida sacaba de su mochila una semilla diminuta y les decía: Todo empezó así. Lo demás lo hizo Dios con sabiduría y paciencia, a través de los años.

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viernes, 27 de febrero de 2009

Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración: I Domingo de Cuaresma - Ciclo B

UN TIEMPO PARA LA AUDACIA
Publicado por Dabar

Corren tiempos difíciles y complejos. La violencia prolifera. La crisis se va cobrando cada vez más víctimas. Compartimos, sufrimos y protagonizamos un cambio de era. No son pocas las instituciones y las personas que están agotadas, no saben qué rumbo tomar y acumulan frustraciones y desánimo. Abunda la inercia, la mediocridad. Aumenta el miedo… y en este contexto escuchamos la voz de Jesús: “se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios…”.

Se ha cumplido el plazo y caminamos hacia la Pascua, la Cuaresma nos acerca a ella. Y la Cuaresma, desde esta época que nos toca vivir y la cercanía del Reino de Dios proclamado por Jesús, se convierte en un tiempo privilegiado para la audacia. La audacia es la cualidad de las personas que abren caminos nuevos y los recorren; de las que proceden como quien cree que otro mundo u otra Iglesia están ya a las puertas y comienzan a trabajar para que sean realidad. Es la cualidad propia de quienes hacen propuestas exigentes y generosas y reducen el campo de lo imposible empeñadas en transformar la realidad. Audacia es la cualidad de aquellas y aquellos que tienen firmeza interior para afrontar situaciones difíciles. Incluye una mezcla de celo, atrevimiento, perseverancia, tenacidad, capacidad para soportar un esfuerzo prolongado de paciencia y osadía…

Lo opuesto a la audacia es el temor, el miedo y la cobardía. El miedo paraliza, destruye y hace retroceder; disminuye y reduce la vida. La audacia mueve, dinamiza, multiplica, ayuda a avanzar y a crecer, aunque se corra el riesgo de la equivocación y del fracaso. La audacia es fuerza interna y movilizadora que pone vida y dinamismo en nuestras personas. Esta fuerza nos la da el Espíritu y por eso es don y se llama parresía, ya que es una mezcla de libertad y valentía; donde está el Espíritu hay vida nueva y contagiosa. La audacia invita a soñar, crear y actuar. Se ha dicho que la audacia de los malos es el resultado de la cobardía de los buenos. A veces así es. Rescatar la audacia y ponerla en las manos, en la mente, en los pies y en el corazón de la persona creyente y de mí misma puede ser el ayuno, oración y penitencia para esta Cuaresma del 2009.

La audacia supone una honda experiencia de Dios, un serio discernimiento para tomar conciencia de que es el Espíritu quien nos empuja, días de desierto y el poso del coraje que deja la fe en la existencia humana. La audacia lleva a adorar sólo a Dios, a no doblegarse ante nada ni ante nadie. Desde ahí brota la motivación para reproducir con valor la audacia de Jesús en nuestra realidad concreta. Las personas audaces están llamadas a perseverar en el camino a pesar de las dificultades que marcan la vida cotidiana y a abrir nuevas brechas. La audacia es también invitación a avanzar mar adentro: “No se descubren nuevas tierras sin consentir en perder de vista la orilla durante mucho tiempo”.

Existe audacia en la Iglesia y en el mundo pero, a veces, nos cuesta verla. Cuesta identificar las huellas de los empeños nuevos y darles nombre, admirarlos y llamar a sus protagonistas “audaces”. Pero no hay duda de que existe un ansia por lo mejor, por la realización de lo bueno, de vivir para la entrega, de jugarse el tipo, de un esfuerzo porque no mueran los grandes ideales y se hagan realidad. Por la acción del Espíritu audacia ha habido, hay y habrá en la Iglesia y en la sociedad. La utopía y la novedad no han abandonado a la Iglesia porque las lleva en sus genes. Brotó del costado del Resucitado. Los pobres y sencillos intentan revelar estas cosas a las mujeres y los hombres que tienen capacidad de verlas y quieran profesar audacia al vivir su fe; y muchas veces lo consiguen.

La Eucaristía celebra la audacia de Jesús. El misterio proclamado, celebrado y vivido suscita audacia. Es audaz invitarnos a comer su cuerpo y a beber su sangre y ponerlo como condición para tener vida abundante. Ser creyente es ser audaz, es apostar la vida a una sola carta, la del Reino de Dios.

MARICARMEN MARTÍN
carmen@dabar.net



DIOS HABLA

GENESIS 9, 8 15
Dios dijo a Noé y a sus hijos: «Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra». Y Dios añadió: «Ésta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco, y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes».

I PEDRO 3, 18 22
Queridos hermanos: Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Con este Espíritu, fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes, cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé, mientras se construía el arca, en la que unos pocos ocho personas se salvaron cruzando las aguas. Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Cristo Jesús, Señor nuestro, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

MARCOS 1, 12 15
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed en el Evangelio».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
El cap.9 de Génesis ha comenzado con la nueva bendición que Dios otorga a la humanidad renacida tras el diluvio. Y a esta nueva humanidad –Noé y sus hijos y los animales salvados del diluvio- Dios se compromete a no volverlos a someter a la amenaza de la destrucción.

Una alianza muy particular en la que quien ha sido agraviado, salva. Y a los salvados les dice que ‘levanta acta’ de no destruirlos. Y esta actitud nos la presenta el libro del Génesis como referida a toda la humanidad, salvada de la destrucción por el mismo que además se compromete consigo mismo de no destruirlo. Y de tal forma que la ‘señal’ (el memorial o recordatorio) que deja en arras del cumplimento es el Arco Iris, a la vista del cual él, el Señor, no dejará de recordar su propio compromiso.

Sin tener ninguna conexión litúrgica este domingo primero de Cuaresma con el anterior 7º domingo ordinario coinciden estas primeras lecturas en el mensaje fundamental. El Señor ama de tal manera a la humanidad con la que ha proyectado su amor, que es incapaz de castigarla. Prefiere comprometerse El mismo, que no basar su relación en la fidelidad del pueblo. Sabe que El ‘no se olvidará’ (‘¿Puede una madre olvidar el fruto de sus entrañas?’ Is 49,15), por eso se auto impone la tarea de recordar. E incluso elige como signo el arco iris que toda la humanidad, toda la naturaleza, puede contemplar para recobrar la confianza.

Es una hermosa repetición de su relación con todo lo existente. Al principio fue su decisión de crearlo todo. Y ahora establece una alianza ‘con la tierra, todos los vivientes y vosotros’ (vv.13-14).
De alguna manera Dios re-crea una y mil veces lo que la infidelidad del pueblo destruye. Esta es una idea recurrente en los profetas.. La misma historia nos recuerda cómo cíclicamente el Señor tiene que recomponer a su pueblo que ha dejado de ser su pueblo (Os 2,25); es la oración constante y repetitiva de Esdras y Nehemías: ‘Nos hemos apartado de ti, te hemos olvidado, pero Tú, Señor’.. (Neh 9,17.19. 28…). En Isaías tenemos capítulos enteros (Cfr Is 4343,10-44,5) para recordarnos cómo repetidamente el Señor ‘crea’, ‘forma’ ‘plasma, ‘adquiere’ (vocabulario propio de la creación o de la alianza) a este pueblo que le olvida. Sólo su amor entrañable es la razón de esta eterna predilección.

TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net



SEGUNDA LECTURA
Como motivación fundamental para enfrentarse con la situación de dificultad y aun persecución que sufren los destinatarios de Primera Pedro superarla, el autor – que desde luego no es el apóstol Pedro, pues estamos ante un caso claro de pseudonimia y pertenece curiosamente a la tradición paulina - propone el ejemplo de Cristo.
Hay una primera afirmación soteriológica aludiendo al efecto salvador de la muerte de Cristo con las expresiones tradicionales de “por los pecados” y “por los impíos”. Aunque en castellano se traducen con la misma palabra “por”, en el original griego se matiza insinuando cómo la muerte de Cristo en “en favor de los impíos” y “por” motivo, causa etc. de los pecados. En este texto el primer “por” iría más bien en el sentido de que Cristo murió porque hay pecados en el mundo y para destruirlos y el segundo, “por los culpables”, en el de “a favor de”
Se menciona también expresamente la finalidad positiva de la muerte de Cristo, “llevarnos a Dios”, fórmula sintética que dice de la relación entre el ser humano y Dios hecha posible por la muerte y resurrección de Cristo. La posibilidad de la muerte de Cristo es su real humanidad, lo cual sería una especie de alusión velada el himno de Flp. 2 donde se menciona el abajamiento del Hijo asumiendo la condición humana.
La resurrección se atribuye aquí al Espíritu. Una forma de hablar de lo divino. Los vv 19-20 han dado el apoyo escriturístico al descenso de Cristo “a los infiernos”. Pero más vale no insistir demasiado en ese punto dados los problemas que plantea, pese a que la expresión la encontremos en el Credo. Pocas veces se dan tantos problemas exegéticos y de otro tipo reunidos en tan pocas líneas. Pastoralmente mejor es dejarlos fuera de nuestra consideración.
Lo mismo ocurre con la mención del mito del diluvio. Si nos atenemos a la pura letra del Génesis puede valer como comparación salvífica. Pero no aporta nada nuevo y es mejor no complicarse la vida.
Termina el párrafo hablando del bautismo. Dejando aparte su conexión formal con lo anterior -un tanto artificial- la consideración del bautismo encaja bien con lo dicho anteriormente. Es el modo concreto en que cada cristiano hace suya toda la dimensión soteriológica de la muerte y resurrección del Señor.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO
Texto. Nos retrotraemos al acontecimiento programático de la proclamación de la llegada del Reino de Dios (1,14-15). Texto fundamental en la estructura del evangelio de Marcos. Correcciones a la traducción litúrgica de estos versículos: Jesús se marchó a Galilea a proclamar la buena noticia de Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo y ha llegado el Reino de Dios. Cambiad de mentalidad y dad crédito a la buena noticia.
Por ello mismo, no nos pueden extrañar los dos versículos 12-13 que preceden a esta proclamación programática. Una fuerza personal empuja a Jesús al desierto, donde por espacio de cuarenta días es puesto a prueba, convive con fieras y es alimentado por ángeles. Hemos de evitar dejarnos llevar por el recuerdo de los otros dos sinópticos, que hablan de un período de ayuno de cuarenta días, al término de los cuales, al menos en el caso de Mateo, es cuando comienzan las tentaciones, finalizadas las cuales llegan los ángeles. No, no es ésta la secuencia que ofrece Marcos. En él no hay ayuno y además todo acontece simultáneamente durante los cuarenta días: prueba, convivencia con las fieras y servicio angélico. No se puede hablar de preeminencia de una situación sobre las otras dos. Todo acontece simultáneamente; lo importante es la totalidad del cuadro.
Cuadros de este tipo son típicos de la literatura que se abre hacia un horizonte de futuro. Es la literatura utópica o apocalíptica, cuyos comienzos se remontan a los profetas del s.VIII a.C y cuyo florecimiento se da en torno a la era cristiana. Habitará el lobo con el cordero, el novillo y el león pacerán juntos, porque está lleno el país del conocimiento del Señor (Is.11,6-9). A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Caminarás sobre chacales y víboras (Sal. 91,11-16). Si hacéis el bien, hijos míos, hombres y ángeles os bendecirán, el diablo huirá de vosotros y las fieras os temerán (Testamento de Neftalí, 8,4).
El cuadro ofrecido por Marcos es similar a los anteriores. Se trata de una escenografía apocalíptica al servicio del tiempo final, el tiempo de la presencia aquí y ahora del Reino de Dios (vs.14-15).

Comentario. Si seguimos el guión de Marcos, lo que debe acaparar nuestra atención es la gran noticia dada por Jesús. Lo que Marcos escribe en los dos primeros versículos está al servicio de esa noticia. Es la forma que tiene Marcos de decirle al lector y, por tanto, a nosotros, que Jesús ha abierto el tan ansiado tiempo final del que se habla en la literatura apocalíptica.
Esta asombrosa noticia requiere de nosotros un cambio radical de mentalidad, en el sentido de dejar de esperar lo que ya está presente: el Reino de Dios. En el pórtico de la cuaresma Jesús nos invita a dar crédito a la noticia que él trajo hace dos mil años: el Reino de Dios ha llegado ya. Las tentaciones para no creernos esto son muchas y de toda índole.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

¡YA ES HORA!
Desde el miércoles pasado, miércoles de ceniza, estamos en cuaresma, un tiempo de preparación para celebrar con sentido y profundidad los acontecimientos últimos de la vida de Jesús en donde se nos presentan las preguntas más radicales y fuertes sobre su vida y la nuestra, sobre su significación y el sentido de lo que hacemos y vivimos, creemos y esperamos.

Hemos terminado el tiempo de rebajas, la crisis sigue agobiando a muchas personas y llevando tristeza y problemas a muchos hogares, el recorrido de un mes con sus 30 días se hace más difícil para muchos padres y, aunque algunos no sean muy devotos de la cuaresma, este año habrá personas que tendrán un sentido más austero de este tiempo que es, fundamentalmente, un tiempo de reflexión.

Las lecturas también nos irán invitando a pensar centrando simultáneamente nuestro pensamiento en lo que es la vida nuestra, con sus avatares, problemas y anhelos fundamentales, y lo que es la vida y el mensaje de Jesús. Pero no todos los detalles de su vida ni todas las devociones de nuestra rica tradición de prácticas piadosas y ritos secundarios. Sólo lo realmente importante, lo central, aquello que constituye el fundamento de nuestra fe.

Es crucial, de cuando en cuando, detenerse y hacer posible una reflexión que distinga lo fundamental de lo accesorio, precisamente para no caer en el fundamentalismo que asume todo con la misma importancia y pretende exigir el cumplimiento de todas y cada una de las muchas tradiciones que hemos ido incorporando a lo largo de nuestra historia.

En tiempos de debates abiertos, de encuentros polémicos, de exageraciones y fanatismos varios, cuando algunos pretenden aprovechar la confusión para promover el descrédito de toda experiencia religiosa, es bueno depurar también nuestra propia vivencia y nuestras expresiones, someterlas a un proceso de selección y a un control exhaustivo de calidad, porque también nosotros podemos haber caído en desviaciones, idolatrías y errores.

Para ello puede ayudarnos la escucha atenta de las lecturas. En ellas siempre encontramos huellas profundas de antiguos caminantes de la vida que han marcado sus pasos en la arena de la dificultad y en los cruces de la duda. Ellos nos han querido legar su experiencia y los resortes que utilizaron para superar tanto problema, para sobreponerse a tanto desánimo, para avanzar a pesar de los obstáculos.

El evangelio también nos introduce en ese ambiente propio de la vida. Los cuarenta días son su expresión simbólica. El desierto evoca el escenario que para la Biblia es donde se desarrolla la trama de nuestros días, con sus aspectos dramáticos, trágicos o de sainete. La vida al desnudo, sin tapujos ni maquillajes, sin velos que la oculten ni alfombras que suavicen su caminar.

En medio del desierto, es decir, de la vida, resuena el mensaje central, importante y profundo de lo que es el cristianismo: Creed la buena noticia que puede cambiar la suerte de quienes están necesitados de oír algo que merezca la pena.

Una frase concentra el significado de todo: El Reino de Dios. Expresión llena de resonancias en aquel momento y, por eso mismo, difícil de entender en un solo sentido. Expresión hoy también llena de usos y significados, por eso mismo difícil también hoy de entender.

Para ellos, como para nosotros, queda una sola posibilidad de entender el sentido central de nuestra fe: Fijarse en el mensajero y vivir como Él.

Porque Jesús, mensajero de la buena noticia que es el Reino de Dios para nuestra vida, es quien refleja en su propia experiencia vital los contenidos de esa frase. Viviendo como él podremos llegar a entender y, sobre todo, a vivir esa buena noticia que cambia la vida.

Siguiendo sus pasos nos encontraremos viviendo con la libertad de un hijo, la confianza de encontrarnos en casa, la alegría de sabernos queridos y la capacidad de dedicarnos a ayudar y servir sin sentirnos disminuidos en nuestra dignidad.

JOSE ALEGRE ARAGÜES
pepe@dabar.net


PARA LA ORACION

Señor que nos acompañas en las aventuras de la vida y nos ayudas a llevar la carga de nuestra existencia promoviendo un espíritu de esfuerzo y superación que nos lleve hacia horizontes de mayor humanidad personal y comunitaria, cambia y transforma nuestro corazón como transformas el pan y el vino, para que vivamos al estilo de Jesús y provoquemos tu búsqueda en quien no te conoce.
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Te ofrecemos el esfuerzo de caminar cada día hacia la satisfacción de nuestras necesidades. Por eso te agradecemos el pan que nos alcanzas con nuestro trabajo y recordamos a quienes no consiguen lo necesario para ellos y sus familias. Con ellos podemos compartirnos como Tú te compartes con nosotros.
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Y nunca podemos dejar de agradecerte todo lo que significas en nuestra vida. Precisamente porque somos la comunidad de quienes creemos que de Ti recibimos todo lo que somos y tenemos: el mundo, la vida, el pan, el trabajo, el perdón, la inquietud que busca un mundo más justo y solidario, la reconciliación entre nosotros y con los demás tan necesaria para promover una convivencia pacífica entre personas y grupos distintos.
Te damos gracias, especialmente, por Jesús, con quien nos envías la buena noticia de sabernos hijos tuyos, asumidos en nuestra realidad humana que nunca es ideal pero siempre puede ser querida y amada. Porque esperas todavía de nosotros, no te das por vencido y te empeñas en sacar todo lo mejor que llevamos puesto dentro como semilla que quiere crecer hacia la felicidad y la plenitud.
La conciencia de ser hijos nos libera del miedo a tu castigo, que sería nuestra ruina, y nos deja libres para hacernos hermanos unos de otros y trabajar por el bien de los más necesitados, como hacen tantos creyentes que entregan su vida al servicio de los demás.
Te damos gracias por encontrarnos un Dios profundamente humano que nos marca la senda hacia nuestra propia humanización. Por todo queremos mostrarte nuestra gratitud y lo hacemos cantando llenos de alegría
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La celebración de la eucaristía recarga nuestras pilas de esperanza, levanta nuestro ánimo para la rutina esforzada de cada día y nos recuerda tu invitación al amor solidario con todos. Ya que nuestro mundo necesita signos de esperanza y de amor, conviértenos en señales de tu presencia, tu cercanía y tu afecto.


LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos a la celebración semanal de la vida y la eucaristía. Y sed bienvenidos a este tiempo de reflexión especial que es la cuaresma cuya andadura quiere ser un paralelo a las andanzas de la vida. Jesús nos invita al cambio y a pensar en el sentido central de su mensaje. Pero vamos a hacerlo con la actitud de agradecimiento que es la característica de nuestra comunidad

ACTO PENITENCIAL
Ante Dios, Grande de corazón y Padre lleno de ternura podemos mirar nuestra realidad sin tener que esconderla. Él no nos acompleja ni nos acusa, nos acepta como somos. Reconozcamos, pues, nuestra condición:
-Tú que conoces cómo somos los seres humanos con nuestros defectos, limitaciones y contradicciones. Señor, ten piedad
-Tú que has conocido la vida en la dureza de la crisis, en la duda de la tentación y en la dificultad de ánimo. Cristo, ten piedad
-Tú que sacas de nosotros nuestras mejores posibilidades y nos invitas a seguir superando nuestros miedos. Señor, ten piedad
Oración: Dios nos acepta, nos anima y nos invita a la fiesta con la que cerrará la historia y dará comienzo a la plenitud y la felicidad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Desde los comienzos de la historia de la humanidad Dios conoce la capacidad humana de equivocarse y sublevarse contra su propia destino. Pero Dios no se cansa de señalar futuros de esperanza y de sentimientos de perdón hacia nosotros. El pacto de Noé es uno de los muchos que en la vida experimentamos que Dios hace con nosotros.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. 24)
Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad...
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. Acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad...
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad...

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Lo mismo que Jesús pasó por las circunstancias de la vida con sus cansancios y sentido de fracaso, también nosotros pasamos por una vida llena de dificultades que nos despiertan muchas dudas. Al final, porque le ocurrió a Jesús, sabemos que Dios nos reserva aquello por lo que luchamos. Al final de la cuaresma, como de la vida, está la resurrección.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Aunque a veces no miramos hacia delante y nos sentimos presas del pánico o del cansancio. Jesús nos anuncia que al final está siempre Dios, en ese horizonte en que nuestra vista no está acostumbrada a ver y distinguir, pero es el horizonte de un tiempo y de un estilo, el de Dios.

ORACIÓN DE LOS FIELES
En forma de súplica hacemos un repaso a los problemas que acechan a nuestro mundo y a nosotros.
- Por los creyentes, acostumbrados durante mucho tiempo a la facilidad y la rutina, para que despertemos a la dificultad, el debate y los interrogantes. Roguemos al Señor.
- Por los necesitados de este mundo en crisis económica, laboral y familiar, para que no se dejen agobiar por las dificultades. Roguemos al Señor
- Por los que no entienden que Dios es tan importante para vivir con esperanza, confianza y ánimo. Roguemos al Señor.
- Por los jóvenes y niños que todavía no han descubierto que la vida es dura, difícil y necesita mucho ánimo interior, para que les ayudemos a no acobardarse. Roguemos al Señor
- Por quienes tenemos la suerte de sentirnos acompañados de un Dios que es tan bueno y comprensivo como nos ha hecho saber Jesús, para que seamos mensajeros de tan buena noticia. Roguemos al Señor
Oración: Escucha, Dios bueno, estas súplicas por nuestro mundo que te necesita y que te pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.

DESPEDIDA
El camino de cuaresma iniciado nos repetirá la invitación a reflexionar sobre la vida y sobre nuestra fe. Podemos seguir haciéndolo junto con quienes forman nuestra familia o nuestro grupo de amistad y de trabajo. Hagámoslo.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Hoy vuelvo de lejos, del disco del mismo título; Cómo le cantaré al Señor.
Acto Penitencial: Conviene resaltarlo en toda la cuaresma. Por ejemplo con el canto Señor ten piedad, del casette o CD titulado " 12 Canciones Religiosas y Litúrgicas para el Siglo XXI", o con otros cantos penitenciales.
Salmo: LdS o el Salmo Caminaré.
Ofertorio: en silencio o el canto latino Attende Domine.
Santo: Gregoriano de la Misa de difuntos.
Aclamación al memorial: (2 CLN J 21).
Cordero de Dios: (1 CLN N 2).
Comunión: No podemos caminar, Altísimo Señor, Tan cerca de mí (de Luis Alfredo Díaz, en el disco "Baja a Dios de las nubes").
Final: Silencio o música gregoriana o polifónica.



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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Evangelio Misionero del Día: Sábado 28 de Febrero de 2009 - SABADO DESPUES DE CENIZA

Por CAMINO MISIONERO


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 27-32

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?»
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan».


Compartiendo la Palabra
Por Juan Alarcón Cámara S.J

El encuentro de Jesús con Leví sucede en medio de una intensa actividad misionera en Galilea. Entre curaciones, discusiones y transgresiones Jesús ve a Leví sentado en el despacho de impuestos. Otra historia similar sucede en la frontera sur, en Jericó, con Zaqueo, el jefe de los cobradores de impuestos. También Jesús lo ve, cuando este se hallaba trepado en el árbol. Las dos historias tienen una misma lógica. Se trata de revertir y confrontar el sistema tributario romano desde la propuesta de sociedad tribal que Jesús construye.

No deja de llamar la atención que la conversión tanto de Leví como de Zaqueo tenga que ver con asuntos económicos tan importantes para la sociedad de su época como es el sistema de recaudación de tributos del Imperio Romano. En ambos casos, entrar en la propuesta de Jesús, significó un cambio de ética económica. Dejar de cobrar impuestos en el caso de Leví y repartir lo tomado a los pobres en el caso de Zaqueo. El discipulado cristiano comporta una ética económica anti-tributuarista que conlleva, por un lado un enfrentamiento a uno de los pilares económicos del sistema romano, y por otro, la posibilidad de construir una sociedad distinta cuya dinámica económica no genera acumulación ni empobrecimiento. Este es el sentido de los banquetes en las casas de Leví y de Zaqueo.

Sobre la identificación de los publicanos con los pecadores, a quienes Jesús llama de una manera especial, tenemos una interesante reflexión de Juan Luis Segundo:

"Lucas, el evangelista que presta más atención a las estructuras socio-económicas, deja entender que los publicanos, encargados de la recolección del impuesto romano, estaban organizados jerárquicamente desde el punto de vista económico. Los "jefes" – como Zaqueo (cf. Lc 19,1ss) – adquirirán de los romanos amplias e importantes zonas de concesión, las que, a su vez, ofrecían en alquiler a concesionarios menores que tenían, como Leví (cf. Lc 5,27), "despachos" para pagos de impuestos en ciudades o zonas menos importantes. De Leví en particular se dice en Lc 5,29, que fue capaz de celebrar su incorporación al grupo de los discípulos que rodeaban a Jesús con "un gran banquete". Pero lo que hacía parias sociales de todos los publicanos era el ostracismo que les acarreaba el "pecado" público en que incurrían al traficar con un dinero que suponía la aceptación del imperio extranjero sobre la sociedad de los "hijos de Abraham" (cf. Lc 19,9) y el pueblo de Yahvé. Este es el estatuto que, con toda lógica, asimila a los publicanos, cualquiera que fuese su riqueza, con los pobres de Israel. Jesús no deja dudas al respecto: unos y otros constituyen lo que "está perdido" en la familia de Israel (Lc 5,31; 19,10). Y, en cuanto tal, Jesús primero y el Reino después les están destinados" (Juan Luis SEGUNDO, Historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret. De los Sinópticos a Pablo. Santander, Sal Terrae, 1990, p. 207).

La opción por lo que "está perdido" desarrolla en Jesús una práctica transgresora que lo llevará a la confrontación con las estructuras políticas, culturales y religiosas del judaísmo, pero a la vez, lo ubicará en el corazón mismo de las poblaciones excluidas y marginadas por el mismo judaísmo, desde donde construye la sociedad sin exclusión ni marginación.

El banquete en la casa de Leví, es transgresión de la ley de la pureza con la que Israel protegía su identidad judía. La ortodoxia prohibía comer en casa de "pecadores". Sin embargo Jesús y la comunidad discipular parece hallarse muy bien allí. Se rompe con las estructuras de exclusión y se instaura una mesa para la inclusión. Esta es la conversión de Leví. Deja el "despacho" tributarista y asume la propuesta de la CASA tribal de hermanas y hermanos en donde se genera otra economía. El tributarismo es acumulación de una elite y empobrecimiento de las mayorías. El tribalismo es re-distribución igualitaria, es economía del compartir. Por eso es tan importante la comida comunitaria como simbolismo de la nueva economía. Las murmuraciones de fariseos y escribas corresponde a la reacción y la resistencia de la ideología dominante que no puede aceptar tal novedad contestadota y transgresora del orden vigente.

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Los obispos españoles ven en los laicos a auténticos misioneros

“La misión es lo contrario del relativismo”

MADRID, viernes 27 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- La Conferencia Episcopal Española dio a conocer ayer el contenido de la Instrucción Pastoral sobre las Misiones, aprobada por la última asamblea plenaria (noviembre 2009), en la que se pone un acento especial en las "nuevas fronteras" y en la necesidad de una mayor implicación de los laicos.

El documento, que fue presentado ayer en rueda de prensa por el Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, monseñor Ramón del Hoyo, obispo de Jaén, es el primero sobre las misiones de los últimos 30 años.

El objetivo de esta Instrucción, según afirmó monseñor Del Hoyo, es "fortalecer la responsabilidad misionera de los fieles y promover el compromiso de las diócesis, parroquias y comunidades eclesiales", para evitar que la misión "sea cosa de unos pocos especialistas".

Actualmente España tiene alrededor de 17.000 misioneros en todo el mundo, número que ha descendido en los últimos años.

La Instrucción pretende ofrecer una "renovada reflexión" sobre la necesidad de que todos los fieles sean conscientes de "ser llamados a la misión", no sólo "en los territorios tradicionales" sino también "en las nuevas fronteras y ámbitos sociales y culturales".

Es necesario que no se hable ya de "las misiones", sino de una única "misión" que englobaría tanto el concepto tradicional de misión a territorios lejanos como la "nueva evangelización" en Occidente que han pedido los últimos Papas.

Por otro lado, incide en la importancia de la participación de los laicos en la actividad misionera como "enviados por la Iglesia" y que aportan "un testimonio específicamente cristiano que los identifica en su peculiaridad, dentro de la amplia gama de cooperantes y voluntarios".

Entre los temas abordados, el documento plantea la necesidad del "anuncio explícito" del evangelio, dentro del diálogo y del respeto, especialmente en el contexto del diálogo interreligioso.

En este sentido, el texto afirma la necesidad de renunciar a "una mentalidad relativista que trata de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure", explicando que el diálogo "no exime a la Iglesia de su deber de anunciar a Jesucristo, la revelación completa".

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El amor preferencial por los pobres puede quedarse sin sustento sólido

“Hijo, tus pecados te son perdonados”

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el 7º domingo durante el año (B)- (22 de febrero de 2008)

I. “¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?”

1. Inmediatamente después de la narración de la purificación del leproso, que leímos el domingo pasado, el Evangelio según Marcos trae la curación de un paralítico (Mc 2,1-12). Y con ella profundiza el sentido de las curaciones que realiza Jesús. No se trata sólo de curaciones médicas del cuerpo, sino que simbolizan que Jesús comienza a construir el Reino de Dios que anuncia, removiendo los obstáculos que impiden ingresar a él. La escena no deja dudas. Cuando todos están esperando que Jesús pronuncie una palabra o haga un gesto que cure al paralítico, sale con una frase desconcertante: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (v.5).

2. Toda la escena muestra que Jesús ve en profundidad. Es a ese nivel que él quiere actuar. Ve, primeramente, al hombre en su dignidad original. De allí, el tono afectuoso con el cual se dirige al paralítico: “¡Hijo!”. Más que del pecado, Jesús se interesa del pecador. Siempre el hombre primero. Ve también la obra destructora del pecado, del que la parálisis corporal es un símbolo. Nada paraliza más al hombre. Y ve los pensamientos de los escribas, testigos de la escena, que murmuran: “¿Qué está diciendo este hombre? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” (v.7).

3. La primera lectura, del profeta Isaías, muestra cómo el pecado daña gravemente la relación del hombre con Dios: “¡Israel, me has abrumado con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades!”. Y que es preciso que Dios intervenga para solucionar la situación: “Soy Yo, sólo Yo, el que borro tus crímenes por consideración a mí, y ya no me acordaré de tus pecados” (Is 43,24-25).

San Pablo mostrará que el pecado tiene una presencia universal: “Todos están sometidos al pecado, tanto los judíos como los que no lo son… Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Rom 3,10.23). Y que salir del pecado no le es posible al hombre solo. Ha roto la amistad con Dios, y sólo Dios la puede restaurar. De allí que Cristo venga, viva y muera por nosotros pecadores: “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rom 5,8).


II. “El Hijo del hombre tiene poder de perdonar”

4. Los que murmuran contra Jesús no se equivocan en atribuir sólo a Dios el poder de perdonar los pecados. Su error está en no ver más allá de las apariencias humanas de Jesús. Todo en él está diciendo que “ha venido a llamar no a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,17). Y que tiene poder para ello. La escena de hoy lo muestra inequívocamente: “Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados – dijo al paralítico – yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. Él se levantó enseguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: `Nunca hemos visto nada igual’” (Mc 2,10-12).


III. “Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores”

5. Solemos quejarnos que el mundo moderno ha perdido el sentido del pecado. ¿No habremos de hacernos primero el planteo hacia adentro? ¿Qué sentido del pecado tenemos los cristianos? ¿Lo vemos como una situación catastrófica del hombre, pero que no vence a Dios, y que él aprovecha para mostrar su infinita misericordia? ¿Comprendemos el pecado a la luz de la venida de Jesucristo? Los Evangelios unen permanentemente los dos términos. “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2,17). El mismo nombre de Jesús es explicado por el Ángel en relación al perdón de los pecados: “Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). En su última acción de gracias, Jesús nos revela que su sangre es “la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados” (Mt 26,28). Los demás escritos apostólicos hacen lo mismo. El Cristo que nosotros conocemos es el que vino por los pecadores. Por el amor misericordioso que nos tiene. Como afirma la primera carta a Timoteo: “Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mi toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la vida eterna” (1 Tm 1,15-16). Podríamos llenar páginas con citas bíblicas que muestran la relación “pecado del hombre y venida de Cristo”, cuyo mejor fruto es el amor compasivo de Dios hacia el pecador, manifestado por medio de su Hijo.

6. En la Iglesia contemporánea hemos aprendido a valorar el amor de Cristo por los pequeños, pobres, débiles, sufrientes y marginados de todo tipo. Pero conviene que nos preguntemos: ¿no estaríamos olvidando, quizá, el amor que brilla en los Evangelios, que es el amor de Cristo por los pecadores? Si fuese así, correríamos el peligro de olvidar la razón más profunda de su venida y de la misión evangelizadora que confió a su Iglesia. Y el amor preferencial por los pobres quedaría sin sustento sólido.

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WebJCP | Abril 2007