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lunes, 5 de enero de 2009

Comentario Bíblico y Pautas Homiléticas: Epifanía del Señor

Hemos visto salir la estrella del Señor y venimos con regalos a adorarle
Publicado por Dominicos.org

Introducción

Las cosas existen para nosotros en tanto que se nos manifiestan, es decir, en la medidad en que tomamos conciencia de su existencia. Esto, que es algo fácil de entender, es lo que en nuestra cultura del mercado se convierte además en un postulado: lo que no se “publicita” no se vende. En realidad no existe. El que no sale en la fotografía es inexistente, se dice en el argot de la política. El buen paño ya no se vende en el arca. Sin escaparate no hay mercancía. En esta línea de la necesidad de aparecer en público es corriente escuchar expresiones en las que aparece el verbo “revelar”: se ha revelado como un gran político, como un magnífico estratega, como un fácil comunicador, etc.

El nacimiento de Jesús, así como la continuidad de su vida de Nazaret, fue acontecimiento oculto. Pero en el plan de Dios “nada hay oculto que no acabe por revelarse” diría luego Jesús. Dios nos revela lo esencial para nuestro ser. Nuestra fe es respuesta a una revelación. O lo que os lo mismo a una manifestación, a una epifanía, de Dios y de su proyecto para nosotros. La revelación es ante todo la persona de Jesús. El niño que nace en un establo en un lugar perdido de Judea, que recibe el homenaje de unos pobres pastores, pero es olvidado por las fuerzas sociales y religiosas, necesita salir a la luz, ser revelado: no sólo a los judíos, sino a todos los pueblos: a los gentiles también, a aquellos que no pertenecen ni a al pueblo ni a religión judía, a los Magos.

La liturgia distingue tres revelaciones o epifanías: la que se hace ante los gentiles, que es la fiesta que hoy celebramos, la manifestación ante los Magos; la epifanía ante los discípulos de Juan, que se celebra en la fiesta del Bautismo del Señor, el próximo domingo; la epifanía ante sus propios discípulos, que se recuerda en el domingo siguiente con el evangelio de las bodas de Caná.



Comentario bíblico

* Iª Lectura: Isaías (60,1-6): Dios de todos los pueblos

I.1. El texto del libro del profeta Isaías adelanta el sentido de la fiesta: el universalismo de la salvación de Dios. El Trito-Isaías (la tercera parte del libro de Isaías, con oráculos de un profeta desconocido), se vale de la imagen de Jerusalén, símbolo de la presencia de Dios, para afirmar que todos los pueblos buscarán a ese Dios. Pero no se hace por la apologética barata de que el Dios nacional de Israel sea el único y verdadero. El Dios del profeta no es un Dios nacionalista, y con ello cae por tierra ese nacionalismo religioso que muchas veces se ha usado para grandes despropósitos. Si el profeta se vale de Jerusalén, es porque el profeta no puede dejar de ser un judío en su mundo y en su cultura.

I.2. Pero la intuición del profeta se perfila en el sentido de que Jerusalén ha sido humillada muchas veces en su historia. Comparada con las grandes ciudades de la cultura y la religión que la han rodeado ha sido humillada, postrada, asediada y ha sido pasada a cuchillo. Ahora, teniendo Dios allí su morada (cosa que el profeta entiende al pie de la letra, pero nosotros no estamos obligados a ello) es testigo de cómo vienen todos los pueblos, todas las religiones, todas las culturas, para ver la luz de Dios, trayendo sus dones. Dios, pues, escoge a la Jerusalén maltrecha para decir quién es y qué quiere de la humanidad entera. Este es el evangelio, el misterio, del Trito-Isaías para sus contemporáneos. El texto resonará en el evangelio de Mateo del día de hoy.


* IIª Lectura: Efesios (3,2-3.5-6): El misterio de Dios se revela a todos

II.1. El texto de Efesios nos habla del “misterio” que le ha sido encomendado al Apóstol para que lo lleve a todos los pueblos, a los paganos, a los gentiles (diríamos a los que no tienen Dios). ¿Cómo es posible? El texto es un texto paulino, una “confesión” que retrata a Pablo, si bien la carta a los Efesios y muy posible que no haya sido escrita por él, sino por un discípulo que quiere mantener en alto la antorcha de la vocación y la misión del apóstol. Efectivamente, vemos un interés especial en describir la originalidad de la misión paulina. Y en esto no hay nada que objetar. Las cartas auténticas de Pablo nos revela, por activa y por pasiva, que esta ha sido la vocación y la historia de Pablo, por lo que ha dado su vida “en Cristo”.

II.2. Se habla del “don de la gracia”, de una “revelación” que ha recibido el apóstol. Esta es la verdad si comparamos nuestro texto con Gal 1,12.16. Aquí se refiere al camino de Damasco como punto focal de esta iniciativa divina. Dios lo ha llamado para ser apóstol de los paganos y para ello le ha entregado el evangelio de la salvación. Lo que en nuestro texto de hoy se llama “misterio”, es lo mismo. Porque el evangelio es la buena noticia de que Dios ha decidido salvar a todos los hombres, de cualquier raza y religión. Es eso lo que el autor de Efesios llama misterio y lo que Pablo llama varias veces “mi evangelio”.


* Evangelio: Mateo (2,1-12): La estrella de la salvación de la humanidad entera

III.1. Texto complicado, simbólico, arcaico, prefigurativo, midráshico. Todos estos adjetivos se usan a la hora de leer e interpretar el relato de Mateo sobre los magos (magoi, en griego, no reyes) que vienen en busca de una estrella. Y la verdad es que la exégesis bíblica ya ha dado numerosas muestras de madurez a la hora de interpretar un relato de este tipo, que desde luego, no puede leerse histórica o fácticamente, al menos con opciones fundamentalistas. Tenemos que reconocer que nos encontramos ante una magnífica página teológica, con sabor oriental y con una cristología de las primeras comunidades cristianas, especialmente la de Mateo, que vio en el texto de Miqueas (5,1) la prefiguración de Jesús como Mesías, por su nacimiento en Belén. La comunidad de Mateo, de origen judeo-cristiano, necesitó leer mucho las Escrituras, el AT, para rastrear su identidad de aceptar a Jesús como el Mesías en todos los sentidos. Consiguientemente, es posible que en una comunidad de este tipo se viera necesario, como causa-efecto, que si Jesús es considerado el Mesías, tenga que nacer en Belén.

III.2. Pero ¿qué papel desempeñan los magos? Pues el de aquellos que extraños al judaísmo y a su religión, han buscado, han interpretado los signos de los tiempos y se han arriesgado también a aceptar al niño de Belén como su luz. Es verdad que estos textos de Mateo, como los de Lucas, no pueden haber sido escritos sino después de que las comunidades cristianas proclamaran a Jesús resucitado. No podía ser de otra manera. Pero el texto de Mateo es más especial, si cabe, porque está “empedrado” de alusiones a textos veterotestamentarios que se leen con el sentido de cumplimiento o de alusiones significativas. Todos los grandes personajes de la historia han tenido su “estrella”, como Alejandro Magno, Augusto, y el “rey de los judíos” no podía ser menos a la hora de presentarlo ante toda la humanidad. Desde luego no es necesario pensar o defender que en el momento del nacimiento de Jesús se produjo una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis; es bastante hipotético que sea así, y tampoco podemos decir que esté contemplado en nuestra narración. Además, si esta conjunción pudiera probarse para el año 7 a.C. (como algunos sostienen), todavía no se “buscaría” a Jesús como el “rey de los judíos”, porque este título no podía aplicársele desde su nacimiento, sino después de la muerte (es el título de la condena en la cruz) y la resurrección.

III.3. Desde el significado de la fiesta de hoy es mucho más iluminador leer el texto sin buscar exageradamente coincidencias históricas. Por eso interesa resalta su tejido midráshico (actualización y adaptación de textos bíblicos). Así podemos ver que nuestro relato ha podido confeccionarse teniendo en cuenta al profeta Balaam (Num24,17), un extranjero llamado por Balaq para maldecir a Israel; pero sucede lo contrario: lo bendice preanunciando la estrella de Jacob, el padre de las tribus. De la misma manera, el texto de Is 60,6 (nuestra primera lectura) con los camellos y dromedarios cargados de dones que vienen a Jerusalén y, no menos, el sentido del Sal 72,10.15 sobre los reyes de tierras lejanas que traen regalos el rey del futuro. La fe de los primeros cristianos tuvo que formularse de esta forma y de esta manera, expresarse simbólicamente. La verdad es que los cristianos aceptaron a Jesús como el Mesías verdadero, el que traería la salvación a todos. No había más remedio que rebuscar en la Escritura para dar sentido a todo ello.

Fray Miguel de Burgos,op



Pautas para la Homilía

* El Niño revelado a cada uno de nosotros

Como decimos, hoy se celebra la revelación a todos los pueblos, es decir, no sólo a los judíos. Esto fue causa de grandes discusiones en la iglesia y el tema del primer concilio de la Iglesia. Cuando los discípulos entendieron esta apertura del evangelio a todos los hombres, cambió el concepto de la fe cristiana: no era otra interpretación de la ley judía, sino una superación de esa ley. No fue una tarea fácil convencer a los cristianos originariamente provenientes del judaísmo. Los textos que por entonces se escriben, Evangelios, Hechos de los apóstoles, cartas diversas, se ven obligados a exponer el mensaje y la vida de Jesús como un argumento de esta epifanía a todas las gentes.

Esto es lo que Mateo quiere exponernos en su relato de los Magos, es lo que anuncia Isaías en su profecía, primera lectura, y lo que con entusiasmo proclama san Pablo en la segunda lectura.

Nosotros ya no necesitamos esa catequesis, estamos convencidos de la universalidad del mensaje y de que el proyecto liberador de Jesús es ofrecido a todo hombre y mujer. Pero hemos de pasar de la teoría a la práctica: a la luz del episodio de los Magos nos cabe preguntarnos. ¿ qué seguridades y comodidades abandonamos, qué camino andamos, para encontrar al Liberador?, ¿dónde y cómo se hace presente Jesús, el Salvador en nuestra vida?, ¿cómo se nos revela?, ¿qué le ofrecemos?


* Necesitamos el encuentro con el Niño

Esas preguntas suponen otra previa: ¿Sentimos necesidad de acercarnos a algo que intuimos que no está presente de manera clara, en nuestras vidas inquietas por otros asuntos, como los magos intuyeron la existencia de algo que les sacó de sus investigaciones, de su vida, de su patria? ¿Miramos al cielo para detectar una estrella, algo que nos lleve a encontrar a quien ha venido a buscarnos, o estamos demasiado inclinados sobre los asuntos de la tierra? ¿Esperamos claridades para ponernos en camino? El texto del evangelio dice de los Magos: ellos se pusieron en camino y de pronto la estrella comenzó a guiarles” No esperaron a ver la estrella: la luz se ve al ponerse a caminar, buscar es ya encontrar.

Lo que nos urge es precisamente un encuentro personal con Jesús. Nuestra fe es auténtica cuando tenemos una experiencia, un encuentro personal, y en él una revelación de Dios, del Dios manifestado en Jesús de Nazaret. No basta aceptar distintas verdades de fe. Para proclamarla hay que sentirla, experimentarla

La Epifanía es la fiesta de la luz. Ella nos habla de una estrella que nos lleva, como a los Magos, a donde está Jesús. Al final de las fiestas de Navidad bien está preguntarnos si hemos visto la luz, la estrella que nos lleva hasta él. Si le hemos ofrecido algo de lo nuestro, nuestro tiempo, por ejemplo. Una luz que, a partir del encuentro, suple cualquier estrella; la estrella que nos guiará es el mismo Jesús. Los Magos no necesitaron, tras el encuentro con Jesús y su madre, de la estrella, ni de Herodes ni de los eruditos de la ley, se van “por otro camino”. Les basta lo visto y sentido en el encuentro con Jesús y su madre. A nosotros no basta Jesús para dar razón de lo que somos y necesitamos, él es nuestra luz.


* La plenitud de la Navidad.

La plenitud de la Navidad se encuentra en los días siguientes, cuando se retira todo aquello que ha ambientado las fiestas y nos encontramos con la sencilla vida de cada día. Como los Magos “tornaron a su tierra por otro camino”, también nosotros hemos de vivir lo que hemos visto y oído de la Navidad y de Jesús “en nuestra tierra”, en el acontecer de cada día, sin necesidad de manifestaciones excepcionales. No le busquemos sólo en la iglesia, en lo exclusivamente religioso, sino en la calle, en la casa, en el trabajo, donde se puede generar “humanidad”. Los Magos realizaron un largo viaje para descubrir a Jesús en una humilde morada, pequeño, indefenso y pobre, sencillamente hombre. Y en él descubrieron a Dios, “de rodillas le adoraron”.

Fray Juan José de León Lastra, O.P.

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WebJCP | Abril 2007