Mensaje de monseñor Marcelo Palentini, obispo de Jujuy
y de monseñor Pedro Olmedo Rivero, obispo de Humahuaca
para la Navidad
y de monseñor Pedro Olmedo Rivero, obispo de Humahuaca
para la Navidad
"Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todos el que crea en mí no permanezca en las tinieblas" (Jn 12,46)

Cada Navidad es la renovación de esta presencia de Jesús luz del mundo para que en Él caminemos en la luz.
Por eso desearnos: Feliz Navidad" no es un saludo convencional, sino un saludo de esperanza, para no quedarnos en las tinieblas del pecado, de la soledad, del pesimismo, de la violencia, del hambre, de las injusticias, de los odios, del desempleo, de la pobreza económica, intelectual, espiritual y sobre todo la tiniebla del "no sentido de la vida"
En la situación en que vivimos en nuestro mundo de hoy, en nuestra Argentina y en nuestro querido Jujuy, necesitamos de corazón augurarnos "Feliz Navidad".
Muchas veces las tinieblas de las divisiones, los enfrentamientos, las incomprensiones pueden llenarnos de desánimo.
La Navidad nos habla de luz, de encuentro de Dios con el hombre, para quedarse a vivir entre los hombres, naciendo en la pobreza, viviendo en el amor y servicio a todos hasta dar la vida para todos, porque es fuente de vida.
Navidad es tiempo de diálogo, de encuentro, de paz. No sólo porque Jesús nos enseña esto, sino también porque nosotros lo debemos experimentar y vivir.
El hombre pecador encuentra en la iniciativa amorosa de Dios que se hace "Emmanuel =Dios con nosotros" el camino de una historia que renueva la humanidad, porque es historia de Salvación.
Hoy también en nuestros desencuentros como miembros de la familia jujeña y de la gran familia argentina, debemos aprender de Dios a buscarnos para dialogar y lograr la paz personal y social que necesitamos.
Él se hizo hermano para que nos sintamos y vivamos como hermanos,
se hizo creatura en el seno virginal de María, para que amemos la vida como la gran obra de Dios.
Se hizo pequeño y pobre, para descubramos donde está la verdadera grandeza y riqueza.
Se hizo cercano, para que descubramos que solamente en el encuentro con el otro el mundo tiene esperanza.
Cuánta violencia, cuánta pobreza, cuánta soledad hay en nuestro mundo… y Jesús sigue enseñándonos que debemos abrirle la puerta porque "donde está Jesús hay luz, esperanza, amor, futuro" (Benedicto XVI d.i. Aparecida)
Si seguimos empecinados a buscar cosas materiales y nos encerramos en nosotros mismos y en nuestros intereses, le daremos menos espacio a Dios y más nos separamos entre nosotros.
Cuánto desencuentro, cuánta falta de diálogo y comprensión hay todavía en nuestra Provincia y en nuestro País, por eso necesitamos reencontrarnos nuevamente, dialogar, respetando la opinión y los derechos de los demás.
Celebrar la Navidad es celebrar el extraordinario encuentro con el Dios de la Vida, que es algo cotidiano, puesto que el se deja encontrar por nosotros todos los días, pero que en este tiempo lo celebramos de una manera especial.
Celebrar la Navidad es celebrar también el encuentro con los otros, con los cercanos y con los que se encuentran más lejos de nosotros por sus ideas, su manera de pensar y criterios distintos.
Celebrar la Navidad es recordar como Dios se adentra en nuestras vidas como una gota de amor y de paz, algo que no debemos olvidar nunca y que hoy parece querer ser oscurecido por el brillo de las luces navideñas, las compras, los regalos y tantas otras cosas que hacen que el Niño Dios quede olvidado en un rincón de nuestras vidas, mientras otras cosas ocupan el lugar que Dios debería ocupar.
Cada vez que volvemos a mirar el pesebre debería ser una ocasión para mirar nuestra vida con los ojos de Dios y percibir cuantas veces, como entonces, ha pasado desapercibida la presencia de Dios en nuestra caminar diario, en cuantas ocasiones hemos pasado de largo ante Dios, interesados en otras cosas.
Hemos pasado de largo ante Dios que se manifiesta en el pobre, el marginado, el excluido, el enfermo, el adicto y el que no es importante ante los ojos de la sociedad.
Tal vez tememos mirar al Niño que, con sus ojos nos preguntará porque vivir en una vida de mentiras e hipocresías, de engaños y desesperanzas, porque no hemos puesto toda nuestra vida al servicio del necesitado, para servirle a El en ellos y no servirnos de ellos y de El en provecho propio.
Navidad es un examen, el gran examen del Amor de Dios, que se acerca a nosotros, que se hace como nosotros, y que nos invita a descubrirlo en el pobre que cada día se acerca a nosotros a pedirnos ayuda, a querer ser escuchado. En esa persona que camina con nosotros y a la que ignoramos o no somos capaces de perdonar, en aquel otro con quien nos sentimos incapaces, desde nuestro egoísmo, de compartir con él lo poco o mucho que tenemos, sabemos o somos.
Es el Amor de Dios que se encarna, que se hace carne en mi carne, en tu carne y en la de los demás, que se disimula con nosotros y a quien nosotros tapamos en el fondo de nuestra vida no dejando que emerja, que salga por los poros de nuestra piel y nuestra vida.
Es el Amor de Dios que cada uno lleva dentro y de quien sentimos vergüenza de reconocernos hijos de El, porque con nuestra vida muchas veces deshonramos a nuestro Padre Dios.
Es el Amor de Dios que quiere hablarnos y nos habla en lo profundo del corazón y ante quien nos hacemos los sordos.
El no se impone, nos pide permiso, si queremos entrará, si no queremos volveremos, como cada año, a realizar el teatro de la Navidad, pondremos el Pesebre, incluso adoraremos, iremos a las celebraciones litúrgicas, nos felicitaremos la Navidad, pero nuestro corazón y nuestra vida seguirán lejos de El y El nos mirará y nos preguntará porque no le dejamos entrar, porque no le ayudamos a cambiar el mundo y porque no dejamos de quejarnos y arrimamos el hombro para que junto a Dios y desde Dios transformemos la oscuridad en día, la tristeza en alegría, el odio en amor y la violencia en la paz.
Pensemos un momento esta Navidad como cambiaria todo si dejáramos que El actuara en nosotros, si dejásemos que El se encarnara de verdad en nosotros, si permitiéramos que El tuviera un lugar, el primero, en nuestra vida.
¿Cuántas cosas cambiarían verdad?
No es imposible, depende de vos y de mi, de nosotros, decirle que si o que no a esta invitación de Dios a nacer en cada corazón, en cada familia, en nuestra querida Provincia y en nuestra Patria.
De corazón les deseamos FELIZ NAVIDAD porque creemos que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado, su misericordia sigue perdonándonos cuando lo dejamos entrar en nosotros para que sea de veras Navidad, llena de luz y de paz.
Feliz Navidad, feliz presencia de Jesús en tu vida como lo fue para María y José les deseamos
Mons. Marcelo Palentini, obispo de Jujuy
Mons. Pedro Olmedo Rivero, obispo de Humahuaca

Cada Navidad es la renovación de esta presencia de Jesús luz del mundo para que en Él caminemos en la luz.
Por eso desearnos: Feliz Navidad" no es un saludo convencional, sino un saludo de esperanza, para no quedarnos en las tinieblas del pecado, de la soledad, del pesimismo, de la violencia, del hambre, de las injusticias, de los odios, del desempleo, de la pobreza económica, intelectual, espiritual y sobre todo la tiniebla del "no sentido de la vida"
En la situación en que vivimos en nuestro mundo de hoy, en nuestra Argentina y en nuestro querido Jujuy, necesitamos de corazón augurarnos "Feliz Navidad".
Muchas veces las tinieblas de las divisiones, los enfrentamientos, las incomprensiones pueden llenarnos de desánimo.
La Navidad nos habla de luz, de encuentro de Dios con el hombre, para quedarse a vivir entre los hombres, naciendo en la pobreza, viviendo en el amor y servicio a todos hasta dar la vida para todos, porque es fuente de vida.
Navidad es tiempo de diálogo, de encuentro, de paz. No sólo porque Jesús nos enseña esto, sino también porque nosotros lo debemos experimentar y vivir.
El hombre pecador encuentra en la iniciativa amorosa de Dios que se hace "Emmanuel =Dios con nosotros" el camino de una historia que renueva la humanidad, porque es historia de Salvación.
Hoy también en nuestros desencuentros como miembros de la familia jujeña y de la gran familia argentina, debemos aprender de Dios a buscarnos para dialogar y lograr la paz personal y social que necesitamos.
Él se hizo hermano para que nos sintamos y vivamos como hermanos,
se hizo creatura en el seno virginal de María, para que amemos la vida como la gran obra de Dios.
Se hizo pequeño y pobre, para descubramos donde está la verdadera grandeza y riqueza.
Se hizo cercano, para que descubramos que solamente en el encuentro con el otro el mundo tiene esperanza.
Cuánta violencia, cuánta pobreza, cuánta soledad hay en nuestro mundo… y Jesús sigue enseñándonos que debemos abrirle la puerta porque "donde está Jesús hay luz, esperanza, amor, futuro" (Benedicto XVI d.i. Aparecida)
Si seguimos empecinados a buscar cosas materiales y nos encerramos en nosotros mismos y en nuestros intereses, le daremos menos espacio a Dios y más nos separamos entre nosotros.
Cuánto desencuentro, cuánta falta de diálogo y comprensión hay todavía en nuestra Provincia y en nuestro País, por eso necesitamos reencontrarnos nuevamente, dialogar, respetando la opinión y los derechos de los demás.
Celebrar la Navidad es celebrar el extraordinario encuentro con el Dios de la Vida, que es algo cotidiano, puesto que el se deja encontrar por nosotros todos los días, pero que en este tiempo lo celebramos de una manera especial.
Celebrar la Navidad es celebrar también el encuentro con los otros, con los cercanos y con los que se encuentran más lejos de nosotros por sus ideas, su manera de pensar y criterios distintos.
Celebrar la Navidad es recordar como Dios se adentra en nuestras vidas como una gota de amor y de paz, algo que no debemos olvidar nunca y que hoy parece querer ser oscurecido por el brillo de las luces navideñas, las compras, los regalos y tantas otras cosas que hacen que el Niño Dios quede olvidado en un rincón de nuestras vidas, mientras otras cosas ocupan el lugar que Dios debería ocupar.
Cada vez que volvemos a mirar el pesebre debería ser una ocasión para mirar nuestra vida con los ojos de Dios y percibir cuantas veces, como entonces, ha pasado desapercibida la presencia de Dios en nuestra caminar diario, en cuantas ocasiones hemos pasado de largo ante Dios, interesados en otras cosas.
Hemos pasado de largo ante Dios que se manifiesta en el pobre, el marginado, el excluido, el enfermo, el adicto y el que no es importante ante los ojos de la sociedad.
Tal vez tememos mirar al Niño que, con sus ojos nos preguntará porque vivir en una vida de mentiras e hipocresías, de engaños y desesperanzas, porque no hemos puesto toda nuestra vida al servicio del necesitado, para servirle a El en ellos y no servirnos de ellos y de El en provecho propio.
Navidad es un examen, el gran examen del Amor de Dios, que se acerca a nosotros, que se hace como nosotros, y que nos invita a descubrirlo en el pobre que cada día se acerca a nosotros a pedirnos ayuda, a querer ser escuchado. En esa persona que camina con nosotros y a la que ignoramos o no somos capaces de perdonar, en aquel otro con quien nos sentimos incapaces, desde nuestro egoísmo, de compartir con él lo poco o mucho que tenemos, sabemos o somos.
Es el Amor de Dios que se encarna, que se hace carne en mi carne, en tu carne y en la de los demás, que se disimula con nosotros y a quien nosotros tapamos en el fondo de nuestra vida no dejando que emerja, que salga por los poros de nuestra piel y nuestra vida.
Es el Amor de Dios que cada uno lleva dentro y de quien sentimos vergüenza de reconocernos hijos de El, porque con nuestra vida muchas veces deshonramos a nuestro Padre Dios.
Es el Amor de Dios que quiere hablarnos y nos habla en lo profundo del corazón y ante quien nos hacemos los sordos.
El no se impone, nos pide permiso, si queremos entrará, si no queremos volveremos, como cada año, a realizar el teatro de la Navidad, pondremos el Pesebre, incluso adoraremos, iremos a las celebraciones litúrgicas, nos felicitaremos la Navidad, pero nuestro corazón y nuestra vida seguirán lejos de El y El nos mirará y nos preguntará porque no le dejamos entrar, porque no le ayudamos a cambiar el mundo y porque no dejamos de quejarnos y arrimamos el hombro para que junto a Dios y desde Dios transformemos la oscuridad en día, la tristeza en alegría, el odio en amor y la violencia en la paz.
Pensemos un momento esta Navidad como cambiaria todo si dejáramos que El actuara en nosotros, si dejásemos que El se encarnara de verdad en nosotros, si permitiéramos que El tuviera un lugar, el primero, en nuestra vida.
¿Cuántas cosas cambiarían verdad?
No es imposible, depende de vos y de mi, de nosotros, decirle que si o que no a esta invitación de Dios a nacer en cada corazón, en cada familia, en nuestra querida Provincia y en nuestra Patria.
De corazón les deseamos FELIZ NAVIDAD porque creemos que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado, su misericordia sigue perdonándonos cuando lo dejamos entrar en nosotros para que sea de veras Navidad, llena de luz y de paz.
Feliz Navidad, feliz presencia de Jesús en tu vida como lo fue para María y José les deseamos
Mons. Marcelo Palentini, obispo de Jujuy
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