por Dolores Aleixandre
publicado por Alandar de octubre de 2008
publicado por Alandar de octubre de 2008
Según el Diccionario de la RAE, “farol” es “un dicho o hecho jactancioso que carece de fundamento” Pero ¿y si el que se lo marca “tiene fundamento”? Me lo estoy preguntando al volver a los escritos de Pablo al comenzar este año dedicado a él y se me ocurre, como vía de aproximación a sus cartas, hacer un recuento de sus “faroles”, es decir, de esas afirmaciones y declaraciones que aparecen en su boca con un inusual tono de descaro, atrevimiento y hasta desplante y buscarles el “fundamento”. Digo lo de inusual teniendo en cuenta lo blando y acomodaticio que suele ser el discurso eclesiástico, caracterizado por ese estilo esférico que apunta en todas direcciones: “Si bien por una parte…, también por la otra...” Nada más lejos del hablar de Pablo tan directo, incisivo y provocador:
No vamos traficando con el mensaje de Dios, como hace la mayoría, sino que hablamos conscientes de nuestra sinceridad (2Cor 2,16).
Me siento seguro y pienso atreverme con esos que me achacan proceder por miras humanas. (2 Cor 10,2).
Alguno dice: “Las cartas, sí, son duras y severas, pero tiene poca presencia y un hablar detestable”. El individuo que dice eso sepa que de cerca voy a ser en los hechos lo que soy de lejos y de palabra en mis cartas (2Cor 10, 10-11).
Bajo ningún concepto me tengo yo en menos que esos superapóstoles. En el hablar seré inculto, de acuerdo; pero en el saber no, y os lo he demostrado siempre y en todo (2Cor 11,5-7).
Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir (…) ¿Que son hebreos? También yo. ¿Que son linaje de Israel? También yo. ¿Que son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Que sirven a Cristo? Voy a decir un desatino: yo más. Les gano en fatigas, les gano en cárceles, en palizas sin comparación y en peligros de muerte con mucho (2 Cor 11, 22-23).
Esto, sólo en la 2ª carta a los Corintios (según la traducción de J. Mateos), pero ahí van estas otras cuatro perlas:
En cuanto a mí, tendría motivos para confiar en mis títulos humanos. Nadie puede hacerlo con más razón que yo. Si alguno aduce méritos, yo con más razón (Fil 3,4).
¡Gálatas estúpidos! ¿Quién os ha embrujado? (Gal 3,1).
Esos que os soliviantan, que se castren del todo (Gal 5,12).
En adelante, que nadie me amargue más la vida, que yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. (Gal 6,17)
¿Qué experiencia se esconde detrás de tanta soltura y tanta libertad? Debió dejarle marcado la arremetida de Jesús en el camino de Damasco, cuando lo derribó por el suelo sin muchas contemplaciones. Ya lo presagiaban aquellas palabras medio enigmáticas medio desafiantes hablando de él: “Ese hombre es un instrumento elegido por mí y yo le enseñaré cuánto tiene que padecer por mi causa” (He 9,16). O lo que es lo mismo: “se va a enterar de lo que vale un peine”. Vaya si se enteró.
Nunca ocultó de dónde le venía su fuerza: El que nos mantiene firmes a mí y a vosotros en la adhesión a Cristo, es Dios que nos ungió (2Cor 1,22). Estaba convencido de que su vida había sido “incautada” por Jesús y de que podía fiarse absolutamente de él y esa seguridad le transmitía un aplomo, un cuajo y una frescura que ya quisiéramos para los días de fiesta (y también para los laborables).
El derribado se había puesto de pie. Vaya estatura, y eso que quería que le llamaran Paulus (pequeño)…
No vamos traficando con el mensaje de Dios, como hace la mayoría, sino que hablamos conscientes de nuestra sinceridad (2Cor 2,16).
Me siento seguro y pienso atreverme con esos que me achacan proceder por miras humanas. (2 Cor 10,2).
Alguno dice: “Las cartas, sí, son duras y severas, pero tiene poca presencia y un hablar detestable”. El individuo que dice eso sepa que de cerca voy a ser en los hechos lo que soy de lejos y de palabra en mis cartas (2Cor 10, 10-11).
Bajo ningún concepto me tengo yo en menos que esos superapóstoles. En el hablar seré inculto, de acuerdo; pero en el saber no, y os lo he demostrado siempre y en todo (2Cor 11,5-7).
Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir (…) ¿Que son hebreos? También yo. ¿Que son linaje de Israel? También yo. ¿Que son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Que sirven a Cristo? Voy a decir un desatino: yo más. Les gano en fatigas, les gano en cárceles, en palizas sin comparación y en peligros de muerte con mucho (2 Cor 11, 22-23).
Esto, sólo en la 2ª carta a los Corintios (según la traducción de J. Mateos), pero ahí van estas otras cuatro perlas:
En cuanto a mí, tendría motivos para confiar en mis títulos humanos. Nadie puede hacerlo con más razón que yo. Si alguno aduce méritos, yo con más razón (Fil 3,4).
¡Gálatas estúpidos! ¿Quién os ha embrujado? (Gal 3,1).
Esos que os soliviantan, que se castren del todo (Gal 5,12).
En adelante, que nadie me amargue más la vida, que yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. (Gal 6,17)
¿Qué experiencia se esconde detrás de tanta soltura y tanta libertad? Debió dejarle marcado la arremetida de Jesús en el camino de Damasco, cuando lo derribó por el suelo sin muchas contemplaciones. Ya lo presagiaban aquellas palabras medio enigmáticas medio desafiantes hablando de él: “Ese hombre es un instrumento elegido por mí y yo le enseñaré cuánto tiene que padecer por mi causa” (He 9,16). O lo que es lo mismo: “se va a enterar de lo que vale un peine”. Vaya si se enteró.
Nunca ocultó de dónde le venía su fuerza: El que nos mantiene firmes a mí y a vosotros en la adhesión a Cristo, es Dios que nos ungió (2Cor 1,22). Estaba convencido de que su vida había sido “incautada” por Jesús y de que podía fiarse absolutamente de él y esa seguridad le transmitía un aplomo, un cuajo y una frescura que ya quisiéramos para los días de fiesta (y también para los laborables).
El derribado se había puesto de pie. Vaya estatura, y eso que quería que le llamaran Paulus (pequeño)…








Adelante
Sigue Conociendo
INICIO





0 comentarios:
Publicar un comentario