LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: El que da lo que tiene…
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

lunes, 27 de octubre de 2008

El que da lo que tiene…

Por Carmen Pérez Rodríguez
Publicado por Entra y Veras

La autora reflexiona acerca de esta frase hecha o refrán de uso popular y habitual. Llega a la conclusión de que es mejor decir "Saber dar, saber recibir y saber pedir".


El que da lo que tiene no está obligado a más. Todos conocemos este refrán y quizá lo hemos dicho muchas veces en nuestra vida y muy convencidos. Pues el otro día lo oí, pero fue como si la persona que lo decía tirara una piedra contra aquellos mismos a los que “les estaba dando lo que tenía y no estaba obligada a más”. Y lo he estado pensando porque hay veces que algunos decimos esta expresión, poco más o menos, como esta persona. No nos imaginamos, no digo ya a Jesucristo, o a una Teresa de Calcuta, sino al profesional que nos atiende de manera cordial, al trabajador honrado y sincero en su trabajo, a la enfermera abnegada y cariñosa, a la persona realmente “buena”, que nos suelte, como si nos tirara una piedra por lo que acaba de hacernos o darnos, que “el que da lo que tiene no está obligado a más”. Obligado a más. Obligado, como algo externo y no como lo que se hace realmente con gusto, con gozo, con entusiasmo, con actitud de servicio. ¡Ese saber dar y recibir¡ Algo necesario y vital en la relación de unos con otros. Toda la vida está configurada sobre ese saber dar y recibir. Si lo pensamos ¿qué otra cosa es la vida que dar y recibir? Saber dar y recibir se implican. El que sabe dar, sabe recibir, y el que sabe recibir, sabe dar. Por eso dice un pensador francés, Lavelle, que no demos al otro lo que no es capaz de recibir.


La fórmula de Martin Buber, el encuentro del “tú” con el “yo” constituye el nosotros es efectiva y real en este saber dar y recibir con amor, en el que no tiene sentido la forma dura de decir: el que da lo que tiene no está obligado a más. No es cuestión de dar lo que se tiene, sino de dar como uno es. Ni los actos ni las cosas tienen valor en sí mismos, sólo encuentran su precio en la relación, en la “comunión” que se establece. ¿Qué significa un trabajo, un fuego que apaga un bombero, si este trabajo no religa al que lo hace con la comunidad de los hombres? ¿Qué significa cualquier trabajo si no une más? En cambio, si en el acto concreto del oficio realizado adquiero más conciencia de mi relación con los demás, este oficio significa mucho. Es cierto que todo esto conlleva una mutua aceptación de las diferencias. Diferir unos de otros no implica ser enemigos. Reconocer y aceptar la propia diferencia no es orgullo. Como tampoco es debilidad reconocer y aceptar la diferencia del otro. La realidad de nuestra vida no es una situación en la que reina una plena y total comprensión de todos hacia todos ¿no parecería esto más un rebaño que una relación de personas? Seríamos más indulgentes los unos con los otros, o mejor, tendríamos más amor y admiración los unos para con los otros si comprendiéramos las diferencias. El saber dar y recibir lleva implícito aceptar las diferencias. Así veríamos que los dones dados por el Creador a la naturaleza humana son inagotables. Comprenderíamos que es bueno que el mundo humano, como la naturaleza, sea diverso. He dicho los dones dados por el Creador porque los valores humanos, rectitud, generosidad, autenticidad, sencillez, fidelidad no tienen sentido sin una común medida que les dé el valor con la que sopesarlos. Precisamente porque nuestra condición humana es religación a Dios y a los hombres adquieren sentido los valores. Libertad, justicia, fraternidad (he cambiado conscientemente la palabra igualdad por justicia), ¿qué es este lema sin Dios? Se es hermano en algo que funda esta fraternidad y sobrepasa a los hombres porque se funda en Dios.


El que da lo que tiene no está obligado a más, en el tono en que se dice y se vive muchas veces es una verdadera piedra que se lanza, y también un bumerán, un arma arrojadiza que se vuelve contra el que lo lanza. No está obligado a más, como si fuera un hecho inevitable. El saber dar y recibir es el precio de la plenitud humana. En la transformación del dar y recibir consiste nuestra vida y cobra su pleno sentido. No es posible ser realmente personas sin este dinamismo del dar y recibir. Es la forma auténtica de vivir. En caso contrario todo se convierte en una situación de indiferencia, de vacío. ¿Nunca se han encontrado con alguna persona que realmente se da y por eso mismo tiene una sensibilidad, quizá mejor, sabiduría, especial para recibir? No saber dar, implica no saber recibir, conlleva ser de esa clase de personas a las que parece que todo se les debe, y siempre tienen un “pero” en la boca. Teresa de Jesús tiene una expresión deliciosa para expresar la importancia del saber recibir: con una sardina que me dieran me sobornarían. No saber recibir es no saber ver, ni reconocer la realidad tan grande que hay en cosas, en detalles, que pueden parecer pequeños. Y lo curioso es que cuando se es así, tampoco se sabe pedir. Porque en esta dinámica de la que hablamos entra el saber pedir. Vivir con personas que saben pedir sin exigencia, con confianza; que dan, con naturalidad, sin recordarlo, y reciben, con gratitud, sin olvidar, es un verdadero don. Un buen eslogan para la vida: saber dar, saber recibir y saber pedir. Mejor que el consabido “el que da lo que tiene no está obligado a más”.


0 comentarios:


WebJCP | Abril 2007