A este CAM3 toman parte los delegados de todas las naciones de América, de las fuerzas misioneras de todos los continentes. El tema del Congreso "La Iglesia en discipulado misionero" es en plena concordancia con el tema de la V Conferencia: Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida".
La Iglesia quiere ponerse a la escuela de Jesús evangelizador para aprender a predicar el evangelio, continuar la misión mesiánica de Cristo, en la manera y metodología del Mesías. La Iglesia tiene que hacer los mismos sentimientos, palabras, acciones, objetivos y finalidad de Jesús. La Conferencia de Mons. Luis Castro Quiroga "Pentecostés, Comunidad llevada por el Espíritu" es como la parteaguas del Congreso.
El Espíritu Santo es el protagonista de la misión universal. El Espíritu obra desde dentro, impulsa y vivifica como hizo con Jesús en el bautismo, desierto y en el anuncio del Reino. EI Espíritu Santo lleva la comunidad a evangelizar a todos los pueblos. Al margen de la conferencia de Mons. Castro, yo haré algunas reflexiones sobre la misión de la Gente de la Iglesia enviada por Jesús con la fuerza del Espíritu Santo.
1. EI Espíritu Santo, inseparable compafiero de Cristo La resurrección de Cristo nos ha puesto en la situación de estar escondidos con Cristo en Dios, y sentarnos a la derecha del Padre. En realidad, somos nuevas criaturas, recreadas según la imagen de Cristo, Verbo de Dios. EI Espíritu Santo ha reproducido en nosotros la misma imagen participada del Verbo Encamado de Dios.
"EI Espíritu Santo es el inseparable compafiero de Cristo". Quiere decir que él es una fuerza que irrumpe una energía creativa, un motor que pone en movimiento, una fuente de vitalidad, un factor de comunicación y constructor de unidad. Ese derramarse tan abundante del Espíritu tiene el efecto inmediato de empujarnos hacia la unidad con Jesús y en Jesús con los demás, de manera que con él y en él se forma una comunidad nueva, la Iglesia sin fronteras. Pentecostés es un nuevo inicio, una creación nueva, una forma nueva de presencia de Cristo, presencia nueva que llarnamos la Iglesia. Estamos viviendo la fase escatológica del tiempo histórico de Dios y de la humanidad, donde ya tuvo lugar la manifestación del Señor y de su día: la luz esplendorosa del cuerpo glorificado y resplandeciente de Cristo, el anuncio del Reino de la paz (shalom) y la plenitud del Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo derramado sobre los hombres y las mujeres, que impregna toda la creación, todo el universo. Dios tome en Cristo posesión de la humanidad y del cosmos: Cristo, Jesús el hebreo, el nazareno: El es el Señor; es y representa el final y el pleno cumplimiento de la creación, de la historia de la fidelidad del amor de Dios para con la humanidad y de la capacidad que Dios ha dado a la humanidad en Cristo para que corresponda plenamente a la fidelidad misma de Dios.
"Pondré en vosotros mi espíritu y viviréis". Para que todo sea llevado a la unidad con el Cuerpo de Cristo, que es como la materia gloriosa, aglutinante concreto y causa del destino definitivo de todo hombre y mujer. Y es el Espíritu vivificante quien os dará la vida y dará vida a todo lo que existe en el mundo creado. Por eso es el Señor, par eso se dijo, esta llamado a reinar con el Padre.
EI acontecimiento pascual, como sabemos, es un acto único en tres fases:
. Pasión y muerte de Cristo.
. Resurrección de Cristo de entre los muertos.
. Ascensión y teofanía del Espíritu.
Todo esto forma un todo. Para la escatología cristiana, este es el misterio, escondido desde la eternidad, revelado y realizado, Cristo en los últimos tiempos, en los tiempos mesiánicos, en el día del Señor.
2. Como Iglesia, estamos llamados a celebrar el misterio, a servir al misterio En el Nuevo Testamento, la resurrección de Jesús de entre los muertos esta siempre vinculada a su entronización como Señor del Universo. El reconocimiento de Cristo como Señor y el reconocimiento del Dios que lo hizo resucitar de los muertos van juntos (Rm 10,9). El movimiento de Dios resucitando a Jesús de entre los muertos y su ascensión al cielo pone al universo en movimiento hacia la venida de la gloria. Con el misterio pascual se abrieron los cielos, la energía de Dios se despliega en toda su fuerza en el mundo visible, para abrir los sistemas de vida cerrados en si mismos y orientarlos hacia un futuro nuevo y más fecundo. Se abre un futuro que antes estaba cerrado y era inaccesible. Contra la triste realidad de un mundo hostil, surgen las posibilidades de cambio de este mundo y su transformación en Reino de Dios. Pero es verdad que, antes de nada, mediante la fe, en si mismos y en la esfera vital de su ambiente, los hombres y las mujeres perciben estos cambios a través de la muerte, la resurrección y la glorificación de Cristo. No hay límites para estas transformaciones, realizadas por la resurrección.
Hago nuevas todas las cosas. Ya no existe la humanidad vieja, sino la nueva, creada según la justicia, la verdad y la santidad. Vuestra patria esta en los cielos. La creación misma espera la liberación, la redención de la esclavitud.
3. De este misterio nosotros somos los liturgos y los siervos
La Iglesia, que contempla el rostro de Cristo, es servidora de su misterio. Es la Iglesia la que celebra, sirve al misterio y lo comunica. Es la comunidad de los que resucitaron en Cristo. Experimentó ya la situación de libertad adquirida por Cristo. Por lo cual ella es el núcleo central, el germen, por decirlo así de una humanidad que fue llamada y sellada por la Trinidad. Una comunidad que vive en comunión, en caridad fraterna, en peregrinación hacia el final de la historia: es expresión de la humanidad querida por Dios a semejanza de su Hijo glorioso. La Iglesia es, en síntesis, el tipo, el modelo, la anticipación de la humanidad ya renovada de los últimos tiempos. Se encuentra bajo la luz de Cristo glorificado, cuyos rasgos asume continuamente y del que recibe la misión. Estamos ya insertados en su cuerpo. Nuestros horizontes, nuestra vocación de cristianos y de presbíteros, nuestra misma actividad deben respirar al unísono con la Iglesia, que nació del costado de Cristo, teniendo por regla de vida la ley de la caridad y por misión la comunión en la justicia y en la santidad verdadera. Servir al misterio
quiere decir, ante todo, vivir el misterio en toda su amplitud y profundidad. Hay que ser conscientes de que la comunidad de los resucitados es, antes de nada, una comunidad en oración. Esta es la tarea primera y fundamental que se nos asigna en el mundo: voz doxología de la humanidad y del universo, esta es la razón y el corazón del culto cristiano. La Iglesia asume todo lo que en la tierra y en el cielo da gloria a Dios y lo presenta al Padre, por la mediación de Cristo glorificado, en el poder del Espíritu. Nosotros somos la humanidad en oración. Por eso somos ya la gloria de Dios. EI misterio que celebramos debe ser, por tanto, paradigma de nuestra personalidad y de nuestra estructura espiritual.
Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, la oración nos abre a la contemplación del Padre. Seguiremos siendo testigos creíbles de lo invisible solo si nos dedicamos al verdadero culto del misterio. Humildes servidores, no podemos reducir nuestra misión a los límites de nuestra necedad y estrechez de miras, proponiendo visiones falseadas y únicamente inmanentes. No podemos rebajar la finalidad y amplitud de todo el plan liberador de Dios. La lozanía de la nove dad de vida debe salir por nuestros poros.
Tenemos que realizar una misión que toca a lo mas intimo del ser como singular y como humanidad al mismo tiempo: portadores de una esperanza que va más allá de cualquier deseo y cálculo humanos.
Debemos dejamos evangelizar por el anuncio y la realidad liberadora de la Pascua. No dejarse ocultar por el cielo plúmbeo de la supresión de los amplios horizontes de la progresiva redención y liberación, para reducimos a dialogar solo con nuestras heridas.
4. Nosotros vivimos en el Espíritu de Cristo resucitado.
Es este un espacio, un contexto vital por el que debemos emergernos con mas facilidad en el misterio de Cristo. Lo que el Espíritu nos hace tocar con la mana por nuestra propia experiencia es un don, que debe dilatarse cada vez mas. "Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos para que ya no vivan para si los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Así que, en adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no lo conocemos así. Por tanto, el que esta en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (2Cor5,14).
5. La misión en el espíritu de la pascua
De todo lo dicho hasta ahora, aparece espontanea y directa nuestra responsabilidad en la misión escatológica y cósmica de la Iglesia en la humanidad. La misión liberadora que la Iglesia llevar a cabo en nombre y conforme al proyecto original de Dios deriva de la Resurrección y de Pentecostés. Concierne a todo el hombre y a toda la humanidad, en todo su ser y en todos los aspectos de su vida y actividad. Es una liberación integral, holística. Esta es la razón por la que la iglesia se pone al servicio de la humanidad sirviendo así al Reino de Dios, que es el verdadero ámbito y causa de su actividad.
Aquí la Iglesia esta llamada a dejar su papel de actriz principal, de primera darna, para ser sierva con el delantal. Por esta razón, la promoción humana no es ya una reparación evangélica sino que forma parte integrante de la evangelización. No es posible, después de la venida de Cristo, asistir a la situación de una humanidad dividida, discriminada, injusta, irredenta. No es tolerable que haya una situación en la que los bienes de la tierra no sirvan para la sustentación de todos, sino solo de una pequeña parte. No es concebible que el progreso tecnológico favorezca solo a una parte de la humanidad mientras que el resto permanece en una situación que podría fácilmente escribirse como dependiente aun de las condiciones de los elementos naturales. No se puede tolerar un dominio del mundo en el que prevalecen solo los intereses de parte, el autoritarismo, los abusos, los privilegios y donde la condición humana es continuamente humillada hasta una degradación prácticamente indescriptible. Y esto en todas las partes y ángulos de la tierra.
Lo que no están llamados a hacer La Iglesia y los cristianos no están llarnamos a hacer de políticos, de sindicalistas, de ideólogos de la justicia, tanto nacional como internacional, según un proyecto humano que este de moda según al compás de los periodos históricos y sociales del tiempo. No están llar nados a aceptar la agenda de este mundo. Pero esto no significa en absoluto una indiferencia ni una distancia con respecto de las condiciones de esta humanidad, como si la misión que Cristo confió a la Iglesia fuera puramente espiritual. Deberíamos realmente releer todo el acontecimiento cristiano, para volver sobre nuestros pasos, y si el caso lo exigí ese, llegar a una conversión. La Iglesia misma lo hizo con la Constitución Gaudium et Spes.
EI haber admitido proyectos ideológicos o políticos ha llevado a la Iglesia a reducir su capacidad para cambiar las situaciones de manera eficaz y perenne, haciendo dar un salto de calidad a la humanidad. Ella misma se dio cuenta de que había sido instrumentalizada.
Terminado el momento, se prescindió de ella, como si no fuera una entidad creíble que tenia aun algo original y necesario que decir. EI Evangelio no quiere ser encerrado para no perder su fuerza explosiva en fórmulas. Cuando se le redujo a una justificación partidista, tuvo una escasa eficacia en la formación de las conciencias. No estarnos llamados a instaurar un gobierno de este mundo según la fórmula de este mundo. Nos acecha siempre la tentación de orientar y sustituir a los jefes, porque son corruptos e incapaces. No es este nuestro oficio. No debemos renunciar a nuestra función profética del Reino de Dios; debemos ser siempre y en todas partes la conciencia critica de los acontecimientos y sistemas.
La tarea y la misión de la Iglesia consisten en dar una nueva conciencia y servir, ensuciándose las manos, para indicar y testimoniar así que Dios quiere una nueva humanidad en la justicia y en la paz. Esto es lo que nosotros llarnamos juicio profético a la luz de la nueva situación liberada de la humanidad, creada y llamada por Dios para rescatarse y ser semejante al cuerpo glorificado del Hijo. Hay que caminar hacia lo que el Apocalipsis de Juan nos indica como meta final de esta historia: ni enfermedad, ni injusticia, ni muerte. Cada vez que entendió su misión como programación de la agenda del mundo y asumió ideologías y rumbos políticos, fa1ló miserablemente y tuvo que desengañarse y pedir perdón. Este es un error opuesto al otro extremo, el de la salvación de las almas únicamente, la parte espiritual del hombre.
6. Pocos maestros y más siervos y testigos
La salvación que Dios quiere, realizada por Cristo, concierne al hombre integral, esta en línea con la creación del ser humano, que es unidad de cuerpo y alma, cuerpo animado, espíritu incorporado, que vive en sociedad, en relación con los demás seres y que junto con ellos debe explotar las potencialidades de la creación. Es una salvación en términos humanos que no puede ignorar a ninguno de los elementos de la humanidad. Por eso se habla de liberación total, de redención total. Religión, cultura, política, economía, deben ser liberadas, deben asumir rasgos y contenidos humanos, deben servir de instrumentos para la plena realización del hombre, que no es nunca instrumento sino que tiene siempre razón de fin.
"América latina y El Caribe no es el continente mas pobre del planeta. Lo es África. Pero nuestro continente es el que mas usa los paraojos, y por tanto el continente con mas inequidad en el planeta. Eso significa que adolecemos de un cáncer que debemos frenar cuanto antes y que se llama exclusión. El bienestar de Suiza y la pobreza de África están presentes en nuestro continente porque, especialmente en el mundo del bienestar, cada uno usa su paraojos.
¿Cómo se puede frenar la exclusión, la inequidad y la insolidaridad?
EI Espíritu Santo tiene como una de sus tare as especiales quitarnos todo para ojos para que en nosotros se disipe toda ceguera y se despierte la solidaridad con quienes están a nuestro lado. Esta función del Espíritu ya se anoto hablando del empujón hacia adentro, pero sucede que la solidaridad va mas allá de las fronteras de la Iglesia hacia la sociedad toda".
La Iglesia esta al servicio de este misterio de liberación, que debe llevar a la salvación total. No le interesa solo el alma sino la entera condición humana. Debe poner en ejecución, como misión propia, el proceso de liberación. Y lo hará con los modos y los medios dictados por el mismo Cristo: compasión, gratuidad, amor, hasta el sacrificio de si mismo. No con la violencia sino con la denuncia. Por eso la Iglesia no es solo Maestra sino está al servicio de la humanidad.
La Iglesia quiere ponerse a la escuela de Jesús evangelizador para aprender a predicar el evangelio, continuar la misión mesiánica de Cristo, en la manera y metodología del Mesías. La Iglesia tiene que hacer los mismos sentimientos, palabras, acciones, objetivos y finalidad de Jesús. La Conferencia de Mons. Luis Castro Quiroga "Pentecostés, Comunidad llevada por el Espíritu" es como la parteaguas del Congreso.
El Espíritu Santo es el protagonista de la misión universal. El Espíritu obra desde dentro, impulsa y vivifica como hizo con Jesús en el bautismo, desierto y en el anuncio del Reino. EI Espíritu Santo lleva la comunidad a evangelizar a todos los pueblos. Al margen de la conferencia de Mons. Castro, yo haré algunas reflexiones sobre la misión de la Gente de la Iglesia enviada por Jesús con la fuerza del Espíritu Santo.
1. EI Espíritu Santo, inseparable compafiero de Cristo La resurrección de Cristo nos ha puesto en la situación de estar escondidos con Cristo en Dios, y sentarnos a la derecha del Padre. En realidad, somos nuevas criaturas, recreadas según la imagen de Cristo, Verbo de Dios. EI Espíritu Santo ha reproducido en nosotros la misma imagen participada del Verbo Encamado de Dios.
"EI Espíritu Santo es el inseparable compafiero de Cristo". Quiere decir que él es una fuerza que irrumpe una energía creativa, un motor que pone en movimiento, una fuente de vitalidad, un factor de comunicación y constructor de unidad. Ese derramarse tan abundante del Espíritu tiene el efecto inmediato de empujarnos hacia la unidad con Jesús y en Jesús con los demás, de manera que con él y en él se forma una comunidad nueva, la Iglesia sin fronteras. Pentecostés es un nuevo inicio, una creación nueva, una forma nueva de presencia de Cristo, presencia nueva que llarnamos la Iglesia. Estamos viviendo la fase escatológica del tiempo histórico de Dios y de la humanidad, donde ya tuvo lugar la manifestación del Señor y de su día: la luz esplendorosa del cuerpo glorificado y resplandeciente de Cristo, el anuncio del Reino de la paz (shalom) y la plenitud del Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo derramado sobre los hombres y las mujeres, que impregna toda la creación, todo el universo. Dios tome en Cristo posesión de la humanidad y del cosmos: Cristo, Jesús el hebreo, el nazareno: El es el Señor; es y representa el final y el pleno cumplimiento de la creación, de la historia de la fidelidad del amor de Dios para con la humanidad y de la capacidad que Dios ha dado a la humanidad en Cristo para que corresponda plenamente a la fidelidad misma de Dios.
"Pondré en vosotros mi espíritu y viviréis". Para que todo sea llevado a la unidad con el Cuerpo de Cristo, que es como la materia gloriosa, aglutinante concreto y causa del destino definitivo de todo hombre y mujer. Y es el Espíritu vivificante quien os dará la vida y dará vida a todo lo que existe en el mundo creado. Por eso es el Señor, par eso se dijo, esta llamado a reinar con el Padre.
EI acontecimiento pascual, como sabemos, es un acto único en tres fases:
. Pasión y muerte de Cristo.
. Resurrección de Cristo de entre los muertos.
. Ascensión y teofanía del Espíritu.
Todo esto forma un todo. Para la escatología cristiana, este es el misterio, escondido desde la eternidad, revelado y realizado, Cristo en los últimos tiempos, en los tiempos mesiánicos, en el día del Señor.
2. Como Iglesia, estamos llamados a celebrar el misterio, a servir al misterio En el Nuevo Testamento, la resurrección de Jesús de entre los muertos esta siempre vinculada a su entronización como Señor del Universo. El reconocimiento de Cristo como Señor y el reconocimiento del Dios que lo hizo resucitar de los muertos van juntos (Rm 10,9). El movimiento de Dios resucitando a Jesús de entre los muertos y su ascensión al cielo pone al universo en movimiento hacia la venida de la gloria. Con el misterio pascual se abrieron los cielos, la energía de Dios se despliega en toda su fuerza en el mundo visible, para abrir los sistemas de vida cerrados en si mismos y orientarlos hacia un futuro nuevo y más fecundo. Se abre un futuro que antes estaba cerrado y era inaccesible. Contra la triste realidad de un mundo hostil, surgen las posibilidades de cambio de este mundo y su transformación en Reino de Dios. Pero es verdad que, antes de nada, mediante la fe, en si mismos y en la esfera vital de su ambiente, los hombres y las mujeres perciben estos cambios a través de la muerte, la resurrección y la glorificación de Cristo. No hay límites para estas transformaciones, realizadas por la resurrección.
Hago nuevas todas las cosas. Ya no existe la humanidad vieja, sino la nueva, creada según la justicia, la verdad y la santidad. Vuestra patria esta en los cielos. La creación misma espera la liberación, la redención de la esclavitud.
3. De este misterio nosotros somos los liturgos y los siervos
La Iglesia, que contempla el rostro de Cristo, es servidora de su misterio. Es la Iglesia la que celebra, sirve al misterio y lo comunica. Es la comunidad de los que resucitaron en Cristo. Experimentó ya la situación de libertad adquirida por Cristo. Por lo cual ella es el núcleo central, el germen, por decirlo así de una humanidad que fue llamada y sellada por la Trinidad. Una comunidad que vive en comunión, en caridad fraterna, en peregrinación hacia el final de la historia: es expresión de la humanidad querida por Dios a semejanza de su Hijo glorioso. La Iglesia es, en síntesis, el tipo, el modelo, la anticipación de la humanidad ya renovada de los últimos tiempos. Se encuentra bajo la luz de Cristo glorificado, cuyos rasgos asume continuamente y del que recibe la misión. Estamos ya insertados en su cuerpo. Nuestros horizontes, nuestra vocación de cristianos y de presbíteros, nuestra misma actividad deben respirar al unísono con la Iglesia, que nació del costado de Cristo, teniendo por regla de vida la ley de la caridad y por misión la comunión en la justicia y en la santidad verdadera. Servir al misterio
quiere decir, ante todo, vivir el misterio en toda su amplitud y profundidad. Hay que ser conscientes de que la comunidad de los resucitados es, antes de nada, una comunidad en oración. Esta es la tarea primera y fundamental que se nos asigna en el mundo: voz doxología de la humanidad y del universo, esta es la razón y el corazón del culto cristiano. La Iglesia asume todo lo que en la tierra y en el cielo da gloria a Dios y lo presenta al Padre, por la mediación de Cristo glorificado, en el poder del Espíritu. Nosotros somos la humanidad en oración. Por eso somos ya la gloria de Dios. EI misterio que celebramos debe ser, por tanto, paradigma de nuestra personalidad y de nuestra estructura espiritual.
Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, la oración nos abre a la contemplación del Padre. Seguiremos siendo testigos creíbles de lo invisible solo si nos dedicamos al verdadero culto del misterio. Humildes servidores, no podemos reducir nuestra misión a los límites de nuestra necedad y estrechez de miras, proponiendo visiones falseadas y únicamente inmanentes. No podemos rebajar la finalidad y amplitud de todo el plan liberador de Dios. La lozanía de la nove dad de vida debe salir por nuestros poros.
Tenemos que realizar una misión que toca a lo mas intimo del ser como singular y como humanidad al mismo tiempo: portadores de una esperanza que va más allá de cualquier deseo y cálculo humanos.
Debemos dejamos evangelizar por el anuncio y la realidad liberadora de la Pascua. No dejarse ocultar por el cielo plúmbeo de la supresión de los amplios horizontes de la progresiva redención y liberación, para reducimos a dialogar solo con nuestras heridas.
4. Nosotros vivimos en el Espíritu de Cristo resucitado.
Es este un espacio, un contexto vital por el que debemos emergernos con mas facilidad en el misterio de Cristo. Lo que el Espíritu nos hace tocar con la mana por nuestra propia experiencia es un don, que debe dilatarse cada vez mas. "Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos para que ya no vivan para si los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Así que, en adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no lo conocemos así. Por tanto, el que esta en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (2Cor5,14).
5. La misión en el espíritu de la pascua
De todo lo dicho hasta ahora, aparece espontanea y directa nuestra responsabilidad en la misión escatológica y cósmica de la Iglesia en la humanidad. La misión liberadora que la Iglesia llevar a cabo en nombre y conforme al proyecto original de Dios deriva de la Resurrección y de Pentecostés. Concierne a todo el hombre y a toda la humanidad, en todo su ser y en todos los aspectos de su vida y actividad. Es una liberación integral, holística. Esta es la razón por la que la iglesia se pone al servicio de la humanidad sirviendo así al Reino de Dios, que es el verdadero ámbito y causa de su actividad.
Aquí la Iglesia esta llamada a dejar su papel de actriz principal, de primera darna, para ser sierva con el delantal. Por esta razón, la promoción humana no es ya una reparación evangélica sino que forma parte integrante de la evangelización. No es posible, después de la venida de Cristo, asistir a la situación de una humanidad dividida, discriminada, injusta, irredenta. No es tolerable que haya una situación en la que los bienes de la tierra no sirvan para la sustentación de todos, sino solo de una pequeña parte. No es concebible que el progreso tecnológico favorezca solo a una parte de la humanidad mientras que el resto permanece en una situación que podría fácilmente escribirse como dependiente aun de las condiciones de los elementos naturales. No se puede tolerar un dominio del mundo en el que prevalecen solo los intereses de parte, el autoritarismo, los abusos, los privilegios y donde la condición humana es continuamente humillada hasta una degradación prácticamente indescriptible. Y esto en todas las partes y ángulos de la tierra.
Lo que no están llamados a hacer La Iglesia y los cristianos no están llarnamos a hacer de políticos, de sindicalistas, de ideólogos de la justicia, tanto nacional como internacional, según un proyecto humano que este de moda según al compás de los periodos históricos y sociales del tiempo. No están llar nados a aceptar la agenda de este mundo. Pero esto no significa en absoluto una indiferencia ni una distancia con respecto de las condiciones de esta humanidad, como si la misión que Cristo confió a la Iglesia fuera puramente espiritual. Deberíamos realmente releer todo el acontecimiento cristiano, para volver sobre nuestros pasos, y si el caso lo exigí ese, llegar a una conversión. La Iglesia misma lo hizo con la Constitución Gaudium et Spes.
EI haber admitido proyectos ideológicos o políticos ha llevado a la Iglesia a reducir su capacidad para cambiar las situaciones de manera eficaz y perenne, haciendo dar un salto de calidad a la humanidad. Ella misma se dio cuenta de que había sido instrumentalizada.
Terminado el momento, se prescindió de ella, como si no fuera una entidad creíble que tenia aun algo original y necesario que decir. EI Evangelio no quiere ser encerrado para no perder su fuerza explosiva en fórmulas. Cuando se le redujo a una justificación partidista, tuvo una escasa eficacia en la formación de las conciencias. No estarnos llamados a instaurar un gobierno de este mundo según la fórmula de este mundo. Nos acecha siempre la tentación de orientar y sustituir a los jefes, porque son corruptos e incapaces. No es este nuestro oficio. No debemos renunciar a nuestra función profética del Reino de Dios; debemos ser siempre y en todas partes la conciencia critica de los acontecimientos y sistemas.
La tarea y la misión de la Iglesia consisten en dar una nueva conciencia y servir, ensuciándose las manos, para indicar y testimoniar así que Dios quiere una nueva humanidad en la justicia y en la paz. Esto es lo que nosotros llarnamos juicio profético a la luz de la nueva situación liberada de la humanidad, creada y llamada por Dios para rescatarse y ser semejante al cuerpo glorificado del Hijo. Hay que caminar hacia lo que el Apocalipsis de Juan nos indica como meta final de esta historia: ni enfermedad, ni injusticia, ni muerte. Cada vez que entendió su misión como programación de la agenda del mundo y asumió ideologías y rumbos políticos, fa1ló miserablemente y tuvo que desengañarse y pedir perdón. Este es un error opuesto al otro extremo, el de la salvación de las almas únicamente, la parte espiritual del hombre.
6. Pocos maestros y más siervos y testigos
La salvación que Dios quiere, realizada por Cristo, concierne al hombre integral, esta en línea con la creación del ser humano, que es unidad de cuerpo y alma, cuerpo animado, espíritu incorporado, que vive en sociedad, en relación con los demás seres y que junto con ellos debe explotar las potencialidades de la creación. Es una salvación en términos humanos que no puede ignorar a ninguno de los elementos de la humanidad. Por eso se habla de liberación total, de redención total. Religión, cultura, política, economía, deben ser liberadas, deben asumir rasgos y contenidos humanos, deben servir de instrumentos para la plena realización del hombre, que no es nunca instrumento sino que tiene siempre razón de fin.
"América latina y El Caribe no es el continente mas pobre del planeta. Lo es África. Pero nuestro continente es el que mas usa los paraojos, y por tanto el continente con mas inequidad en el planeta. Eso significa que adolecemos de un cáncer que debemos frenar cuanto antes y que se llama exclusión. El bienestar de Suiza y la pobreza de África están presentes en nuestro continente porque, especialmente en el mundo del bienestar, cada uno usa su paraojos.
¿Cómo se puede frenar la exclusión, la inequidad y la insolidaridad?
EI Espíritu Santo tiene como una de sus tare as especiales quitarnos todo para ojos para que en nosotros se disipe toda ceguera y se despierte la solidaridad con quienes están a nuestro lado. Esta función del Espíritu ya se anoto hablando del empujón hacia adentro, pero sucede que la solidaridad va mas allá de las fronteras de la Iglesia hacia la sociedad toda".
La Iglesia esta al servicio de este misterio de liberación, que debe llevar a la salvación total. No le interesa solo el alma sino la entera condición humana. Debe poner en ejecución, como misión propia, el proceso de liberación. Y lo hará con los modos y los medios dictados por el mismo Cristo: compasión, gratuidad, amor, hasta el sacrificio de si mismo. No con la violencia sino con la denuncia. Por eso la Iglesia no es solo Maestra sino está al servicio de la humanidad.








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