Amigo, acabo de celebrar los 30 años de vida sacerdotal y misionera y deseo compartir contigo algo de mi vida. Llevo adelante la Animación Misionera en tu tierra España, vine para decirte que “ tu también puedes ser misionero”.
¿Qué te cuento? Que me sentí plenamente feliz y realizado en la misión de Venezuela, y de Colombia. Los campesinos de los Andes, los Afro descendientes de Barlovento y Cartagena de las Indias y los Indios Guajiros fueron mis compañeros de viaje. Dejé entre estas poblaciones parte de mi corazón, de mi amor. Siempre me trataron como parte integrante de su propia comunidad, de su familia y yo me consideré como un hijo más. ¡Ah! Puedo contarte, con sorpresa, que me costó mucho más el viaje de regreso a Europa, que el primer viaje de ida a Venezuela. ¿Por qué? Me encontré muy bien con la gente de allá. Ayudar a los demás da una felicidad increíble. De verdad experimenté entre estos pobres un clima de solidaridad, de hospitalidad, de sencillez increíble. Lo poco que tienen lo comparten contigo.
¿Y los misioneros qué hacemos en la misión? Bueno, ya te cuento. Tratamos de vivir la fraternidad entre nosotros y con la gente, compartiendo la fe, la vida ( mas de 20 años) y los bienes en distintos lugares deprimidos, el todo por amor a Jesús. Mantenemos prendida la chispa, el fuego de la misión en nuestro equipo, buscando contagiar a otros del mismo.
¿Cómo se concretiza nuestra acción misionera entre los hermanos más necesitados? Buscamos en un primer momento de responder a las urgencias materiales, involucrando a la misma gente pobre, contando con la comunidad. Se trata de obras de promoción humana: promoción de la salud, educación, planes de desarrollo en diversos campos (agricultura, saneamiento, vivienda, con diversos grupos: mujeres, niños, campesinos...). Hablamos el lenguaje de la caridad concreta y esto facilita y prepara los corazones para emprender luego el camino de la fe.
Pero lo más interesante que quiero comunicarte, es que los misioneros, compartimos con la gente nuestra fe, nuestra experiencia de Dios, de un Dios Padre, Amigo enamorado de la humanidad. Y el corazón se te ensancha cuando ves que algunos adultos, ciertos jóvenes quieren vivir tu misma fe, irradiarla, convertirse en misioneros entre su gente, desean y buscan una sólida formación religiosa.
Personalmente doy las gracias al Señor por haberme regalado la vocación misionera y la experiencia de la misión ad gentes. Es algo que te llena, que hace feliz tu vida. Dificultades no me faltaron pero estas son el precio de la misión. Se convierten siempre en algo positivo: te espabilan, te hacen reflexionar, te rompen la rutina y así sigues experimentando como Dios sigue sembrando consolación.
Bueno, amigo, ahora me preguntarás: ¿ cuál es tu misión aquí y ahora en España? Pues, he vuelto, como ya te dije al comienzo, para recordar a la Iglesia, que no es Iglesia, si no vive la chispa de la misión; para invitar a los cristianos a apoyar a los misioneros para hacer del mundo la familia universal de los hijos de Dios; para contar a los jóvenes que vale la pena ser misioneros. ¿Estupendo programa, verdad?
¿Pero hombre como es posible ser cristianos-misioneros aquí? He aquí como tres indicaciones, como tres pistas: en primer lugar cultiva la oración, vive una profunda amistad con Él que te llega a través del coloquio personal; en segundo lugar, da tu ayuda, tu apoyo material, económico a los misioneros para que puedan llevar adelante todos los trabajos, todos los proyectos de capacitación humana y cristiana. ; en tercer lugar, anima nuestras comunidades, para que salgan de ellas vocaciones que lleven adelante la tarea misionera.
Bueno, amigo, joven que me estas leyendo quiero recordarte en fin lo que te dije al comienzo de nuestro coloquio: tu también puedes ser misionero. Te doy unas sencillas sugerencias:
- busca tener un corazón grande, como el de Jesús, ofreciéndote para alguna ayuda solidaria en tu comunidad (residencia de ancianos, minusválidos...)
- mantente informado acerca de los Países del Sur leyendo revistas misioneras (por ej: Antena Misionera), porque como dice el refrán”ojos que no ven, corazón que no siente”.
- únete y apoya organizaciones solidarias, así que “la unión hace la fuerza”.
- intenta asumir un estilo de vida austero y sobrio y ahorrar algo de dinero para ayudar a los pobres.
- participa en las convivencias, charlas, actividades solidarias que los misioneros te ofrecemos.
- sobre todo, interrógate sobre el futuro de tu vida: si tantos hombres y mujeres se sienten plenamente felices y realizadas en la vocación misionera... ¿por qué no lo puedo ser también tu?
Amigo, joven, no te quito más tiempo... pero quiero que sepas: Vale la pena darse a los demás, ser personas felices que derraman amor entre tantos hermanos que lo pasan mal, ser personas valientes que siembran esperanza de vivir... respondiendo con generosidad a la llamada misionera. Anímate... y serás feliz.
¿Y los misioneros qué hacemos en la misión? Bueno, ya te cuento. Tratamos de vivir la fraternidad entre nosotros y con la gente, compartiendo la fe, la vida ( mas de 20 años) y los bienes en distintos lugares deprimidos, el todo por amor a Jesús. Mantenemos prendida la chispa, el fuego de la misión en nuestro equipo, buscando contagiar a otros del mismo.
¿Cómo se concretiza nuestra acción misionera entre los hermanos más necesitados? Buscamos en un primer momento de responder a las urgencias materiales, involucrando a la misma gente pobre, contando con la comunidad. Se trata de obras de promoción humana: promoción de la salud, educación, planes de desarrollo en diversos campos (agricultura, saneamiento, vivienda, con diversos grupos: mujeres, niños, campesinos...). Hablamos el lenguaje de la caridad concreta y esto facilita y prepara los corazones para emprender luego el camino de la fe.
Pero lo más interesante que quiero comunicarte, es que los misioneros, compartimos con la gente nuestra fe, nuestra experiencia de Dios, de un Dios Padre, Amigo enamorado de la humanidad. Y el corazón se te ensancha cuando ves que algunos adultos, ciertos jóvenes quieren vivir tu misma fe, irradiarla, convertirse en misioneros entre su gente, desean y buscan una sólida formación religiosa.
Personalmente doy las gracias al Señor por haberme regalado la vocación misionera y la experiencia de la misión ad gentes. Es algo que te llena, que hace feliz tu vida. Dificultades no me faltaron pero estas son el precio de la misión. Se convierten siempre en algo positivo: te espabilan, te hacen reflexionar, te rompen la rutina y así sigues experimentando como Dios sigue sembrando consolación.
Bueno, amigo, ahora me preguntarás: ¿ cuál es tu misión aquí y ahora en España? Pues, he vuelto, como ya te dije al comienzo, para recordar a la Iglesia, que no es Iglesia, si no vive la chispa de la misión; para invitar a los cristianos a apoyar a los misioneros para hacer del mundo la familia universal de los hijos de Dios; para contar a los jóvenes que vale la pena ser misioneros. ¿Estupendo programa, verdad?
¿Pero hombre como es posible ser cristianos-misioneros aquí? He aquí como tres indicaciones, como tres pistas: en primer lugar cultiva la oración, vive una profunda amistad con Él que te llega a través del coloquio personal; en segundo lugar, da tu ayuda, tu apoyo material, económico a los misioneros para que puedan llevar adelante todos los trabajos, todos los proyectos de capacitación humana y cristiana. ; en tercer lugar, anima nuestras comunidades, para que salgan de ellas vocaciones que lleven adelante la tarea misionera.
Bueno, amigo, joven que me estas leyendo quiero recordarte en fin lo que te dije al comienzo de nuestro coloquio: tu también puedes ser misionero. Te doy unas sencillas sugerencias:
- busca tener un corazón grande, como el de Jesús, ofreciéndote para alguna ayuda solidaria en tu comunidad (residencia de ancianos, minusválidos...)
- mantente informado acerca de los Países del Sur leyendo revistas misioneras (por ej: Antena Misionera), porque como dice el refrán”ojos que no ven, corazón que no siente”.
- únete y apoya organizaciones solidarias, así que “la unión hace la fuerza”.
- intenta asumir un estilo de vida austero y sobrio y ahorrar algo de dinero para ayudar a los pobres.
- participa en las convivencias, charlas, actividades solidarias que los misioneros te ofrecemos.
- sobre todo, interrógate sobre el futuro de tu vida: si tantos hombres y mujeres se sienten plenamente felices y realizadas en la vocación misionera... ¿por qué no lo puedo ser también tu?
Amigo, joven, no te quito más tiempo... pero quiero que sepas: Vale la pena darse a los demás, ser personas felices que derraman amor entre tantos hermanos que lo pasan mal, ser personas valientes que siembran esperanza de vivir... respondiendo con generosidad a la llamada misionera. Anímate... y serás feliz.








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