
Si ponemos delante de los ojos un mapa de la República de Honduras podremos ubicar esta misión en el Departamento de Gracias a Dios, creado en 1957, y con una extensión de 19.000 km2. La región de La Moskitia hasta 1987 pertenecía a la Diócesis de San Pedro Sula; desde entonces los Departamentos de Colón y de Gracias a Dios han pasado a pertenecer a la Diócesis de Trujillo. En estos departamentos nos encontramos con una cultura afroamericana —los garífunas— y con diversas culturas indígenas: miskitos, tawaskas, peschs y ladinos.
La Misión de los misioneros vicentinos (paúles) en la zona norte de Honduras, fue yendo paulatinamente de oeste a este. Los Misioneros Capuchinos de Estados Unidos entraron en La Moskitia hondureña por el otro lado, desde La Moskitia nicaragüense y asumieron la hoy “Parroquia de San José” en 1975. Allá llegaron las Hijas de la Caridad por las mismas fechas, en un empeño de Mons. Jaime Brufau, entonces Obispo de San Pedro Sula, porque la presencia misionera vicentina estuviera presente de un modo u otro.
Si los primeros misioneros vieran hoy la realidad de la Vicaría Episcopal de la Moskitia, integrada por las Parroquias de Santa Cruz en Barra Patuca y San José en Puerto Lempira, verían que aquellos esfuerzos por llevar la Buena Noticia del Evangelio por esos lugares fueron semilla de esta nueva planta.
Llegada de los Misioneros paúles de la Provincia canónica de Barcelona. El P. Casulleras asumía en 1910 la Parroquia de Trujillo. El P. Mariano Flores, en 1929, se animó a realizar una gira misionera por los lados de Sangrelaya, pueblo cercano a Barra Patuca. En 1934 lo harían el P. Francisco Barriach y el Hno. Font. Ir más allá les llevó a comprar una goleta (la Santa Teresita) para, desde el mar, adentrarse por ríos, canales y lagunas por lo que hoy es la Vicaría de la Moskitia, desde Barra Patuca a Puerto Lempira. El P. Barriach conseguiría asentarse en Patuca en 1935, pero la cosa no era fácil y en 1945 puso residencia en Sangrelaya. Pero el P. Carré no desistió en el empeño de Patuca. Y en ese empeño, amén de anunciar el Evangelio, emprendió la tarea de montar una cooperativa que no lo tuvo fácil. Nada era fácil, o casi nada. Al P. Carré le sucederían en Patuca los Padres Juan Company y Cayetano Figuerola (1960). El primero tuvo que salir de la misión por salud y llegó el Hno. Eduardo Salvadó (1968). En el año 1967 el P. Francisco Suñer comienza trabajos en Puerto Lempira, dejando la misión en 1970 y siendo asumida por los Padres Capuchinos en 1975, que llegaron desde Blufields (Nicaragua) a petición de Mons. Jaime Brufau. Y, como se decía más arriba, por esas fechas aterrizaban, literalmente, las Hijas de la Caridad de la Provincia canónica de Barcelona (España).
Continuando en Barra Patuca. En 1971 regresa el P. Juan Company. Había muerto el P. Cayetano. En el año 1972 entra en la zona el Hermano Ramón Barragán y en1986 el P. José Aguilá, que abriría en 1988 un centro misional en Wampusirpi, río Patuca arriba (muy arriba). Después del P. Juan Company, trabajarán en la Parroquia Santa Cruz de Barra de Patuca, los Padres Jaime Munar, Enrique Alagarda, Luis Solé, José Vicente Nacher, y el Hermano Francisco Berbegal, y de la Provincia canónica de América Central, el P. Francisco Alejandro Cortez. Conviene señalar que a Barra Patuca llegaron las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl y a Wampusirpi las Hijas de la Caridad de la Provincia canónica de Centroamérica.
Por las peculiaridades de la zona, Monseñor Virgilio Irías crea en 1996 la Vicaría Episcopal de la Moskitia y confiere al P. José Aguilá la responsabilidad de conducirla como Vicario. La Parroquia de San José, en Puerto Lempira, estaba atendida por los PP. Capuchinos en la persona del P. Juan Samsa y habían manifestado su intención de dejar la Parroquia. De ahí que en 1998, a instancias de Mons.Virgilio y de la Provincia de Barcelona, se formó un equipo interprovincial para atender la Parroquia de Puerto Lempira. Se puso en marcha un proyecto interprovincial con tres misioneros: el P. Enrique Alagarda (Provincia de canónica de Barcelona, España), P. Ángel Mª Echaide (Provincia canónica de Zaragoza, España) y P. Luis Hernando Álvarez (Provincia canónica de Colombia). El P. Juan Samsa permaneció un tiempo apoyando al nuevo equipo, hasta la inauguración de la nueva iglesia parroquial.
Desde ese momento se comienza a configurar una nueva manera de trabajar que iría llevando poco a poco a conformar una Pastoral de Conjunto de toda la Vicaría, manteniendo las peculiaridades de cada parroquia. Para esta tarea se formó un Equipo Pastoral de la Vicaría y se elaboraron unos Estatutos. Es significativo cómo, poco a poco, se fue trabajando para dar vida a una nueva forma de trabajar en la evangelización de La Moskitia. Poco a poco, aprendiendo en cada paso y aún con muchos quebraderos de cabeza, inseguridades, tropiezos. Creando, paulatinamente, una Iglesia más viva y participativa en sintonía con las peculiaridades de las culturas que viven en esta tierra. Fuimos reajustando lo que atrás pareció bueno, pero que debía ir respondiendo a las nuevas realidades. Mirando atrás no importó ir despacio.
El año 2000 se celebró un hermoso acontecimiento. No es referente al Jubileo Universal; aunque estaba en sintonía con esta fiesta de toda la Iglesia Católica. El acontecimiento: Primera Asamblea de la Vicaría de la Moskitia. Lema: Juntos construimos la Iglesia. En el lema iba incluido todo un conjunto de intenciones que querían ser expresadas en un Plan de Pastoral que, después de un largo trabajo participativo de todas las pequeñas comunidades, tomó cuerpo en la Segunda Asamblea del año 2002. “Algo nuevo está pasando” fue el eslogan. Y es que todo el trabajo realizado ayudó a descubrir las transformaciones que se estaban dando en la sociedad y que planteaban nuevos retos a la identidad y personalidad propia de las comunidades indígenas. En las reflexiones y trabajos se sintió el deber de realizar un estudio de la realidad socioeconómica, cultural y religiosa de La Moskitia, y así descubrir qué retos se po¬dían asumir en este proceso, desde la perspectiva de la cultura, teniendo en cuenta cómo combinar procesos de cambio para mejorar las condiciones de vida y la prevalencia, y rescate de los valores ancestrales.
Para la elaboración del Estudio de la Realidad se conformó una comisión de trabajo que diseñó un plan de actuación y elaboró un proyecto para financiar los costes del Estudio de la Realidad. Se organizaron todos los trabajos para lograr un objetivo: “Realizar un estudio de la realidad socioeconómica, cultural y religiosa de La Moskitia que nos permitiera obtener un diagnóstico de la situación real de las comunidades, para iluminación y orientación de nuestro trabajo pastoral, a fin de mejorar las opciones y acciones de la Pastoral Social de la Vicaría”.
Después de dos años de trabajos y con el Estudio de la Realidad en la mano, se procedió a la elaboración del Plan de Pastoral Social/Cáritas. El Estudio arrojaba luz suficiente sobre el quehacer evangelizador en esa parcela de la diócesis de Trujillo.
Se convocó la Tercera Asamblea de la Vicaría de La Moskitia, que se había ido posponiendo —pese a que el anterior plan se había quedado obsoleto—, precisamente para esperar los resultados del Estudio de la Realidad.
Para esta Asamblea de la Vicaría se planteó un objetivo: “Sacar las líneas maestras que nos ayudaran a elaborar el nuevo Plan Pastoral para los próximos años”. La Asamblea se llevó a cabo en enero del 2006. Y posteriormente se elaboró el nuevo Plan de Pastoral y un nuevo Estatuto para la Vicaría, en consonancia con la nueva realidad pastoral planteada por el Plan. Todo ello en un proceso participativo, en el que progresivamente se notó la mayor implicación de los miembros de la Iglesia en la Vicaría de La Moskitia.
Nos encontramos en la Vicaría de La Moskitia con dos Parroquias, que no cubren todo el Departamento de Gracias a Dios. Es una zona peculiar, en la que los medios de transporte son ajustaditos. Sólo se puede acceder por avioneta. Y en el interior, salvada alguna zona que se puede recorrer con vehículo todo-terreno, lo demás… Lo demás con pequeñas embarcaciones con motor fuera borda. Las embarcaciones serán pequeñas, pero a los desplazamientos nos les falta el componente de “aventura grande”.
La Parroquia Santa Cruz de Barra Patuca (Patuca y Wampusirpi) tiene unos 10,000 km2, aproximadamente. San José de Puerto Lempira es un poco más reducida, unos 7,000 km2. Pueblos con comunidad católica: unos 35 en Patuca y unos 70 en Puerto Lempira. Cada comunidad tiene sus responsables, los Delegados de la Palabra, catequistas y otros agentes de Pastoral. Todo depende del tamaño de la Comunidad. Algunos Delegados son también coordinadores de zona, ministros de la Eucaristía o del Bautismo. La lengua de mayor uso es el miskito. Le siguen el español, el tawaska, el pesh y el garífuna. Estas últimas con menor presencia. Son las peculiaridades y riquezas de esta tierra: sus culturas y sus lenguas. Peculiaridades que los misioneros cuidan con esmero desde una evangelización inculturada, como lo pide la Iglesia. No es fácil. Pero merece la pena.
Los agentes de pastoral reciben una formación continua. Se ha querido hacer con más intensidad, pero las dificultades de movilidad y sus costos no lo hacen fácil. Se aprovechan todas las posibilidades pastorales para llegar, tanto a los agentes de pastoral, como a los miembros de las comunidades cristianas católicas: las visitas a los pueblos, aidrubankas y conferencias (encuentros de personas de varias comunidades en un pueblo para convivir y compartir, formarse en la fe y celebrarla con alegría, sacar fondos para mejoras de su iglesia, hacer fiesta). Y hoy se cuenta en Puerto Lempira con una emisora de radio, “Kupia Kumi Radio”, como otro instrumento en la tarea evangelizadora, formativa y recreativa.
El año 2004 fallecía en accidente de tráfico el Obispo de Trujillo, Monseñor Virgilio Irías. Había visitado en muchas ocasiones las comunidades de La Moskitia y alentado con su presencia. Como animó también todo el proceso pastoral que se fue realizando. El año 2005 ya tenía la Diócesis un nuevo Obispo, el hasta ese momento Vicario de La Moskitia y párroco en Santa Cruz de Barra Patuca, el P. Luis Solé. Y desde entonces ha ido trabajando para que toda la Diócesis esté insertada en un Plan Pastoral que dinamice la vida de la Iglesia en cada una de sus Parroquias y comunidades.
Hacen falta más “trabajadores” en este campo. Es difícil asentar los trabajos cuando faltan sacerdotes para animar, desde el servicio, a las comunidades. Pero no por eso se paraliza la vida de la Iglesia. Hay que resaltar cómo el trabajo en equipo —en cada Parroquia de La Moskitia y en el conjunto de toda la Vicaría Episcopal— ha dado sus frutos. Y merece la pena subrayar el modo de evangelizar. Hoy la Iglesia Católica en La Moskitia es una Iglesia viva, una Iglesia participativa que hace presente la Buena Nueva del Evangelio en un lugar tan pluricultural, tan entrañablemente especial. La Iglesia Católica en La Moskitia tiene una historia pequeña; pero no han faltado dificultades y problemas. Y se sigue construyendo la Iglesia con el trabajo de conjunto de todos.
La Misión de los misioneros vicentinos (paúles) en la zona norte de Honduras, fue yendo paulatinamente de oeste a este. Los Misioneros Capuchinos de Estados Unidos entraron en La Moskitia hondureña por el otro lado, desde La Moskitia nicaragüense y asumieron la hoy “Parroquia de San José” en 1975. Allá llegaron las Hijas de la Caridad por las mismas fechas, en un empeño de Mons. Jaime Brufau, entonces Obispo de San Pedro Sula, porque la presencia misionera vicentina estuviera presente de un modo u otro.
Si los primeros misioneros vieran hoy la realidad de la Vicaría Episcopal de la Moskitia, integrada por las Parroquias de Santa Cruz en Barra Patuca y San José en Puerto Lempira, verían que aquellos esfuerzos por llevar la Buena Noticia del Evangelio por esos lugares fueron semilla de esta nueva planta.
Llegada de los Misioneros paúles de la Provincia canónica de Barcelona. El P. Casulleras asumía en 1910 la Parroquia de Trujillo. El P. Mariano Flores, en 1929, se animó a realizar una gira misionera por los lados de Sangrelaya, pueblo cercano a Barra Patuca. En 1934 lo harían el P. Francisco Barriach y el Hno. Font. Ir más allá les llevó a comprar una goleta (la Santa Teresita) para, desde el mar, adentrarse por ríos, canales y lagunas por lo que hoy es la Vicaría de la Moskitia, desde Barra Patuca a Puerto Lempira. El P. Barriach conseguiría asentarse en Patuca en 1935, pero la cosa no era fácil y en 1945 puso residencia en Sangrelaya. Pero el P. Carré no desistió en el empeño de Patuca. Y en ese empeño, amén de anunciar el Evangelio, emprendió la tarea de montar una cooperativa que no lo tuvo fácil. Nada era fácil, o casi nada. Al P. Carré le sucederían en Patuca los Padres Juan Company y Cayetano Figuerola (1960). El primero tuvo que salir de la misión por salud y llegó el Hno. Eduardo Salvadó (1968). En el año 1967 el P. Francisco Suñer comienza trabajos en Puerto Lempira, dejando la misión en 1970 y siendo asumida por los Padres Capuchinos en 1975, que llegaron desde Blufields (Nicaragua) a petición de Mons. Jaime Brufau. Y, como se decía más arriba, por esas fechas aterrizaban, literalmente, las Hijas de la Caridad de la Provincia canónica de Barcelona (España).
Continuando en Barra Patuca. En 1971 regresa el P. Juan Company. Había muerto el P. Cayetano. En el año 1972 entra en la zona el Hermano Ramón Barragán y en1986 el P. José Aguilá, que abriría en 1988 un centro misional en Wampusirpi, río Patuca arriba (muy arriba). Después del P. Juan Company, trabajarán en la Parroquia Santa Cruz de Barra de Patuca, los Padres Jaime Munar, Enrique Alagarda, Luis Solé, José Vicente Nacher, y el Hermano Francisco Berbegal, y de la Provincia canónica de América Central, el P. Francisco Alejandro Cortez. Conviene señalar que a Barra Patuca llegaron las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl y a Wampusirpi las Hijas de la Caridad de la Provincia canónica de Centroamérica.
Por las peculiaridades de la zona, Monseñor Virgilio Irías crea en 1996 la Vicaría Episcopal de la Moskitia y confiere al P. José Aguilá la responsabilidad de conducirla como Vicario. La Parroquia de San José, en Puerto Lempira, estaba atendida por los PP. Capuchinos en la persona del P. Juan Samsa y habían manifestado su intención de dejar la Parroquia. De ahí que en 1998, a instancias de Mons.Virgilio y de la Provincia de Barcelona, se formó un equipo interprovincial para atender la Parroquia de Puerto Lempira. Se puso en marcha un proyecto interprovincial con tres misioneros: el P. Enrique Alagarda (Provincia de canónica de Barcelona, España), P. Ángel Mª Echaide (Provincia canónica de Zaragoza, España) y P. Luis Hernando Álvarez (Provincia canónica de Colombia). El P. Juan Samsa permaneció un tiempo apoyando al nuevo equipo, hasta la inauguración de la nueva iglesia parroquial.
Desde ese momento se comienza a configurar una nueva manera de trabajar que iría llevando poco a poco a conformar una Pastoral de Conjunto de toda la Vicaría, manteniendo las peculiaridades de cada parroquia. Para esta tarea se formó un Equipo Pastoral de la Vicaría y se elaboraron unos Estatutos. Es significativo cómo, poco a poco, se fue trabajando para dar vida a una nueva forma de trabajar en la evangelización de La Moskitia. Poco a poco, aprendiendo en cada paso y aún con muchos quebraderos de cabeza, inseguridades, tropiezos. Creando, paulatinamente, una Iglesia más viva y participativa en sintonía con las peculiaridades de las culturas que viven en esta tierra. Fuimos reajustando lo que atrás pareció bueno, pero que debía ir respondiendo a las nuevas realidades. Mirando atrás no importó ir despacio.
El año 2000 se celebró un hermoso acontecimiento. No es referente al Jubileo Universal; aunque estaba en sintonía con esta fiesta de toda la Iglesia Católica. El acontecimiento: Primera Asamblea de la Vicaría de la Moskitia. Lema: Juntos construimos la Iglesia. En el lema iba incluido todo un conjunto de intenciones que querían ser expresadas en un Plan de Pastoral que, después de un largo trabajo participativo de todas las pequeñas comunidades, tomó cuerpo en la Segunda Asamblea del año 2002. “Algo nuevo está pasando” fue el eslogan. Y es que todo el trabajo realizado ayudó a descubrir las transformaciones que se estaban dando en la sociedad y que planteaban nuevos retos a la identidad y personalidad propia de las comunidades indígenas. En las reflexiones y trabajos se sintió el deber de realizar un estudio de la realidad socioeconómica, cultural y religiosa de La Moskitia, y así descubrir qué retos se po¬dían asumir en este proceso, desde la perspectiva de la cultura, teniendo en cuenta cómo combinar procesos de cambio para mejorar las condiciones de vida y la prevalencia, y rescate de los valores ancestrales.
Para la elaboración del Estudio de la Realidad se conformó una comisión de trabajo que diseñó un plan de actuación y elaboró un proyecto para financiar los costes del Estudio de la Realidad. Se organizaron todos los trabajos para lograr un objetivo: “Realizar un estudio de la realidad socioeconómica, cultural y religiosa de La Moskitia que nos permitiera obtener un diagnóstico de la situación real de las comunidades, para iluminación y orientación de nuestro trabajo pastoral, a fin de mejorar las opciones y acciones de la Pastoral Social de la Vicaría”.
Después de dos años de trabajos y con el Estudio de la Realidad en la mano, se procedió a la elaboración del Plan de Pastoral Social/Cáritas. El Estudio arrojaba luz suficiente sobre el quehacer evangelizador en esa parcela de la diócesis de Trujillo.
Se convocó la Tercera Asamblea de la Vicaría de La Moskitia, que se había ido posponiendo —pese a que el anterior plan se había quedado obsoleto—, precisamente para esperar los resultados del Estudio de la Realidad.
Para esta Asamblea de la Vicaría se planteó un objetivo: “Sacar las líneas maestras que nos ayudaran a elaborar el nuevo Plan Pastoral para los próximos años”. La Asamblea se llevó a cabo en enero del 2006. Y posteriormente se elaboró el nuevo Plan de Pastoral y un nuevo Estatuto para la Vicaría, en consonancia con la nueva realidad pastoral planteada por el Plan. Todo ello en un proceso participativo, en el que progresivamente se notó la mayor implicación de los miembros de la Iglesia en la Vicaría de La Moskitia.
Nos encontramos en la Vicaría de La Moskitia con dos Parroquias, que no cubren todo el Departamento de Gracias a Dios. Es una zona peculiar, en la que los medios de transporte son ajustaditos. Sólo se puede acceder por avioneta. Y en el interior, salvada alguna zona que se puede recorrer con vehículo todo-terreno, lo demás… Lo demás con pequeñas embarcaciones con motor fuera borda. Las embarcaciones serán pequeñas, pero a los desplazamientos nos les falta el componente de “aventura grande”.
La Parroquia Santa Cruz de Barra Patuca (Patuca y Wampusirpi) tiene unos 10,000 km2, aproximadamente. San José de Puerto Lempira es un poco más reducida, unos 7,000 km2. Pueblos con comunidad católica: unos 35 en Patuca y unos 70 en Puerto Lempira. Cada comunidad tiene sus responsables, los Delegados de la Palabra, catequistas y otros agentes de Pastoral. Todo depende del tamaño de la Comunidad. Algunos Delegados son también coordinadores de zona, ministros de la Eucaristía o del Bautismo. La lengua de mayor uso es el miskito. Le siguen el español, el tawaska, el pesh y el garífuna. Estas últimas con menor presencia. Son las peculiaridades y riquezas de esta tierra: sus culturas y sus lenguas. Peculiaridades que los misioneros cuidan con esmero desde una evangelización inculturada, como lo pide la Iglesia. No es fácil. Pero merece la pena.
Los agentes de pastoral reciben una formación continua. Se ha querido hacer con más intensidad, pero las dificultades de movilidad y sus costos no lo hacen fácil. Se aprovechan todas las posibilidades pastorales para llegar, tanto a los agentes de pastoral, como a los miembros de las comunidades cristianas católicas: las visitas a los pueblos, aidrubankas y conferencias (encuentros de personas de varias comunidades en un pueblo para convivir y compartir, formarse en la fe y celebrarla con alegría, sacar fondos para mejoras de su iglesia, hacer fiesta). Y hoy se cuenta en Puerto Lempira con una emisora de radio, “Kupia Kumi Radio”, como otro instrumento en la tarea evangelizadora, formativa y recreativa.
El año 2004 fallecía en accidente de tráfico el Obispo de Trujillo, Monseñor Virgilio Irías. Había visitado en muchas ocasiones las comunidades de La Moskitia y alentado con su presencia. Como animó también todo el proceso pastoral que se fue realizando. El año 2005 ya tenía la Diócesis un nuevo Obispo, el hasta ese momento Vicario de La Moskitia y párroco en Santa Cruz de Barra Patuca, el P. Luis Solé. Y desde entonces ha ido trabajando para que toda la Diócesis esté insertada en un Plan Pastoral que dinamice la vida de la Iglesia en cada una de sus Parroquias y comunidades.
Hacen falta más “trabajadores” en este campo. Es difícil asentar los trabajos cuando faltan sacerdotes para animar, desde el servicio, a las comunidades. Pero no por eso se paraliza la vida de la Iglesia. Hay que resaltar cómo el trabajo en equipo —en cada Parroquia de La Moskitia y en el conjunto de toda la Vicaría Episcopal— ha dado sus frutos. Y merece la pena subrayar el modo de evangelizar. Hoy la Iglesia Católica en La Moskitia es una Iglesia viva, una Iglesia participativa que hace presente la Buena Nueva del Evangelio en un lugar tan pluricultural, tan entrañablemente especial. La Iglesia Católica en La Moskitia tiene una historia pequeña; pero no han faltado dificultades y problemas. Y se sigue construyendo la Iglesia con el trabajo de conjunto de todos.







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