Publicado por Antena Misionera
Un inmenso continente, con situaciones muy diversas y que se enfrenta a grandes desafíos. Es la realidad de Asia.
Álvaro Pacheco, misionero de la Consolata portugués, desde hace años trabaja en Corea del Sur. Desde ese rincón del mundo, en pocas pinceladas, analiza las posibilidades y dificultades de la misión en ese continente.
Por Álvaro Pacheco
Hablar de la misión en Asia es tan complejo, como compleja es la realidad de este vasto continente. De hecho son muchos países y otras tantas realidades completamente distintas entre sí.
Por ejemplo, hablar de la iglesia en Corea o de la iglesia presente en Irak supone hablar de dos situaciones que poco tienen en común. Sin embargo intentaré dar una visión global de los elementos que más caracterizan a este continente a distintos niveles: social, económico, político y religioso, mezclándolos entre ellos ya que cada uno de estos elementos influye irremediablemente en los otros.
Rápidos cambios de la sociedad
Comenzando nuestra breve reflexión con el análisis del contexto social, podemos afirmar que Asia se está transformando de forma acelerada y desigual.
Por un lado, tenemos varios países donde la guerra o los conflictos internos fuerzan a la población a un éxodo masivo, bien hacia otras zonas del país como hacia fuera de los países afectados por la violencia. Cada día aumenta el número de prófugos y desplazados, mientras, por ejemplo, la situación de los refugiados Palestinos o de los Tamil de Sri Lanka perdura desde hace muchos años.
Álvaro Pacheco, misionero de la Consolata portugués, desde hace años trabaja en Corea del Sur. Desde ese rincón del mundo, en pocas pinceladas, analiza las posibilidades y dificultades de la misión en ese continente.
Por Álvaro PachecoHablar de la misión en Asia es tan complejo, como compleja es la realidad de este vasto continente. De hecho son muchos países y otras tantas realidades completamente distintas entre sí.
Por ejemplo, hablar de la iglesia en Corea o de la iglesia presente en Irak supone hablar de dos situaciones que poco tienen en común. Sin embargo intentaré dar una visión global de los elementos que más caracterizan a este continente a distintos niveles: social, económico, político y religioso, mezclándolos entre ellos ya que cada uno de estos elementos influye irremediablemente en los otros.
Rápidos cambios de la sociedad
Comenzando nuestra breve reflexión con el análisis del contexto social, podemos afirmar que Asia se está transformando de forma acelerada y desigual.
Por un lado, tenemos varios países donde la guerra o los conflictos internos fuerzan a la población a un éxodo masivo, bien hacia otras zonas del país como hacia fuera de los países afectados por la violencia. Cada día aumenta el número de prófugos y desplazados, mientras, por ejemplo, la situación de los refugiados Palestinos o de los Tamil de Sri Lanka perdura desde hace muchos años.
Hay amplias zonas del continente donde el clima produce desastres cada año, golpeando a miles de personas que pierden la vida o todos sus bienes. Incluso si sobreviven a la calamidad, estas personas se ven abocadas a una pobreza todavía más extrema.
Como contraste, tenemos países que se encuentran entre los más ricos del mundo, sea por el desarrollo económico y tecnológico, sea por las grandes riquezas naturales, especialmente por el petróleo.
Una de las consecuencias del sistema capitalista es el desplazamiento de personas desde las zonas rurales hacia la ciudad, sobre todo en Asia Oriental. En estos últimos años se ha verificado de hecho un éxodo masivo de la población hacia los grandes centros urbanos. Un fenómeno que se puede notar, por ejemplo, en Corea y en China. En los últimos veinte años, ésta última se ha transformado en un gigante económico, pero la gran transformación se ha producido a costa de grandes alteraciones sociales y ambientales, entre ellas el desmesurado flujo de personas hacia los grandes centros económicos, como Shangai, y los desastres ecológicos que se multiplican año tras año, poniendo en riesgo la vida de millones de personas.
Asia es el continente donde actualmente se registran más conflictos armados: entre las palabras más usadas se encuentran “terrorismo”, “fundamentalismo” y “derechos humanos”. No es cosa fácil trabajar por los derechos humanos en Asia y se corre el riesgo de estar expuestos a situaciones de violencia, a pesar de los progresos que se han dado en muchas naciones a nivel político. De hecho, la democracia ha llegado a algunos de estos países tras años de brutales dictaduras o regímenes comunistas, es el caso, entre otros, de Corea del Sur, Camboya o Mongolia.
Si además pensamos que entre las naciones que tienen acceso a las armas nucleares están dos grandes potencias como China e India, que la situación de Oriente Medio es permanentemente inestable, que diariamente aumenta la tensión en la zona afgano-pakistaní, que el fin de la guerra en Irak sigue siendo una incógnita y que algunos conflictos regionales surgirán a causa de la lucha por el control de los recursos naturales como el agua, podemos definir a Asia como una “bomba de relojería” que puede explotar en cualquier momento.
Existen otros problemas relacionados con la violación de los derechos humanos: el trabajo infantil, la prostitución, la trata de personas, de órganos humanos, la esclavitud y el aumento de la criminalidad, también a nivel transnacional. Desde el punto de vista económico, aumenta la brecha entre los muy ricos y los más pobres: miles de personas viven con menos de un euro al día en muchos países. Pero aumenta también el índice de natalidad en los países más pobres y el de la esperanza de vida en los países más ricos, donde el anciano se convierte en “persona poco grata”. Entre los países árabes, se notan divisiones a nivel político, entre aquellos que se declaran amigos de Occidente y aquellos que al contrario manifiestan toda su aversión.
Pero es sobre todo la emergencia del fundamentalismo lo que hace que la situación en distintos países se convierta en verdaderamente problemática, como el caso de Afganistán con los talibanes.
Entre los grandes problemas de las zonas urbanas, está el de la concentración de personas llegadas de áreas rurales: aumenta el número de poblados chabolistas alrededor de las grandes ciudades. En estas aglomeraciones se desarrollan problemas como la delincuencia, el analfabetismo, la desocupación… Entre los jóvenes crece la inseguridad respecto al futuro, mientras muchos se alejan cada vez más de los valores tradicionales de sus sociedades, influenciados por los valores occidentales. A la vez aumentan fenómenos como el divorcio y los suicidios, especialmente en sociedades económicamente muy desarrolladas.
Pequeños pasos de la Iglesia
Hablemos de la iglesia. La realidad de los países asiáticos es tan diferente, que tal diversidad influye en la estructura y actividad de la iglesia. Hay países donde goza de buena fama y de un crecimiento gradual, como aquí en Corea, en Vietnam y también en China y parte de Filipinas, el único país donde la iglesia tiene una larga tradición histórica. Hay naciones donde la iglesia es prácticamente inexistente, sobre todo en las ex-repúblicas soviéticas. Vienen después los países donde subsiste la discriminación y es víctima de la intolerancia religiosa, como es el caso de India e Indonesia. En otros países sufre no sólo la discriminación, sino también persecución y ataques: estos son casi todos los países islámicos o comunistas, como Myanmar y Corea del Norte. En otros países, como Mongolia, comienza a dar los primeros pasos en la obra de la evangelización, mientras en otros la presencia de la iglesia es casi invisible o inexistente como Nepal y Laos.
Siendo Asia la cuna de las grandes religiones, es imperativo para la iglesia hacer del diálogo interreligioso una de las prioridades más urgentes y comprometidas. A pesar de todo, “entre el dicho y el hecho hay un gran trecho”. En mi opinión, el diálogo lo ha promovido y sigue promoviéndolo la iglesia y sólo la iglesia, porque parece que las otras religiones no sienten su necesidad. En distintos países la iglesia llega a dialogar con las otras religiones, pero sólo cuando los temas en discusión están separados, de alguna manera, de la dimensión religiosa o teológica: temas como los derechos humanos, la libertad ideológica y la defensa de la naturaleza no necesariamente están ligados a la teología.
El diálogo supone también conocimiento y acogida de las otras religiones, así como superar los prejuicios y complejos de superioridad hacia ellas. Además, como decían algunos de los participantes en el “I Congreso Misionero de Asia”, desarrollado en octubre de 2006 en Chiang Mai, en Tailandia, es necesario un estilo asiático para anunciar el evangelio en Asia. Narrar historias es una de las características de la cultura asiática. Éste y otros elementos de inculturación son imprescindibles para una evangelización que sea verdaderamente eficaz.
Pero es necesario también “dar tiempo al tiempo”, es decir, dejar que la semilla del evangelio, ya sembrada con las sangre de tantos mártires, entre paso a paso en la cultura y la mentalidad de la gente. Con paciencia, humildad y espíritu de servicio la iglesia podrá convertirse en un elemento importante en la vida de este continente.
Como contraste, tenemos países que se encuentran entre los más ricos del mundo, sea por el desarrollo económico y tecnológico, sea por las grandes riquezas naturales, especialmente por el petróleo.
Una de las consecuencias del sistema capitalista es el desplazamiento de personas desde las zonas rurales hacia la ciudad, sobre todo en Asia Oriental. En estos últimos años se ha verificado de hecho un éxodo masivo de la población hacia los grandes centros urbanos. Un fenómeno que se puede notar, por ejemplo, en Corea y en China. En los últimos veinte años, ésta última se ha transformado en un gigante económico, pero la gran transformación se ha producido a costa de grandes alteraciones sociales y ambientales, entre ellas el desmesurado flujo de personas hacia los grandes centros económicos, como Shangai, y los desastres ecológicos que se multiplican año tras año, poniendo en riesgo la vida de millones de personas.
Asia es el continente donde actualmente se registran más conflictos armados: entre las palabras más usadas se encuentran “terrorismo”, “fundamentalismo” y “derechos humanos”. No es cosa fácil trabajar por los derechos humanos en Asia y se corre el riesgo de estar expuestos a situaciones de violencia, a pesar de los progresos que se han dado en muchas naciones a nivel político. De hecho, la democracia ha llegado a algunos de estos países tras años de brutales dictaduras o regímenes comunistas, es el caso, entre otros, de Corea del Sur, Camboya o Mongolia.
Si además pensamos que entre las naciones que tienen acceso a las armas nucleares están dos grandes potencias como China e India, que la situación de Oriente Medio es permanentemente inestable, que diariamente aumenta la tensión en la zona afgano-pakistaní, que el fin de la guerra en Irak sigue siendo una incógnita y que algunos conflictos regionales surgirán a causa de la lucha por el control de los recursos naturales como el agua, podemos definir a Asia como una “bomba de relojería” que puede explotar en cualquier momento.
Existen otros problemas relacionados con la violación de los derechos humanos: el trabajo infantil, la prostitución, la trata de personas, de órganos humanos, la esclavitud y el aumento de la criminalidad, también a nivel transnacional. Desde el punto de vista económico, aumenta la brecha entre los muy ricos y los más pobres: miles de personas viven con menos de un euro al día en muchos países. Pero aumenta también el índice de natalidad en los países más pobres y el de la esperanza de vida en los países más ricos, donde el anciano se convierte en “persona poco grata”. Entre los países árabes, se notan divisiones a nivel político, entre aquellos que se declaran amigos de Occidente y aquellos que al contrario manifiestan toda su aversión.
Pero es sobre todo la emergencia del fundamentalismo lo que hace que la situación en distintos países se convierta en verdaderamente problemática, como el caso de Afganistán con los talibanes.
Entre los grandes problemas de las zonas urbanas, está el de la concentración de personas llegadas de áreas rurales: aumenta el número de poblados chabolistas alrededor de las grandes ciudades. En estas aglomeraciones se desarrollan problemas como la delincuencia, el analfabetismo, la desocupación… Entre los jóvenes crece la inseguridad respecto al futuro, mientras muchos se alejan cada vez más de los valores tradicionales de sus sociedades, influenciados por los valores occidentales. A la vez aumentan fenómenos como el divorcio y los suicidios, especialmente en sociedades económicamente muy desarrolladas.
Pequeños pasos de la Iglesia
Hablemos de la iglesia. La realidad de los países asiáticos es tan diferente, que tal diversidad influye en la estructura y actividad de la iglesia. Hay países donde goza de buena fama y de un crecimiento gradual, como aquí en Corea, en Vietnam y también en China y parte de Filipinas, el único país donde la iglesia tiene una larga tradición histórica. Hay naciones donde la iglesia es prácticamente inexistente, sobre todo en las ex-repúblicas soviéticas. Vienen después los países donde subsiste la discriminación y es víctima de la intolerancia religiosa, como es el caso de India e Indonesia. En otros países sufre no sólo la discriminación, sino también persecución y ataques: estos son casi todos los países islámicos o comunistas, como Myanmar y Corea del Norte. En otros países, como Mongolia, comienza a dar los primeros pasos en la obra de la evangelización, mientras en otros la presencia de la iglesia es casi invisible o inexistente como Nepal y Laos.
Siendo Asia la cuna de las grandes religiones, es imperativo para la iglesia hacer del diálogo interreligioso una de las prioridades más urgentes y comprometidas. A pesar de todo, “entre el dicho y el hecho hay un gran trecho”. En mi opinión, el diálogo lo ha promovido y sigue promoviéndolo la iglesia y sólo la iglesia, porque parece que las otras religiones no sienten su necesidad. En distintos países la iglesia llega a dialogar con las otras religiones, pero sólo cuando los temas en discusión están separados, de alguna manera, de la dimensión religiosa o teológica: temas como los derechos humanos, la libertad ideológica y la defensa de la naturaleza no necesariamente están ligados a la teología.
El diálogo supone también conocimiento y acogida de las otras religiones, así como superar los prejuicios y complejos de superioridad hacia ellas. Además, como decían algunos de los participantes en el “I Congreso Misionero de Asia”, desarrollado en octubre de 2006 en Chiang Mai, en Tailandia, es necesario un estilo asiático para anunciar el evangelio en Asia. Narrar historias es una de las características de la cultura asiática. Éste y otros elementos de inculturación son imprescindibles para una evangelización que sea verdaderamente eficaz.
Pero es necesario también “dar tiempo al tiempo”, es decir, dejar que la semilla del evangelio, ya sembrada con las sangre de tantos mártires, entre paso a paso en la cultura y la mentalidad de la gente. Con paciencia, humildad y espíritu de servicio la iglesia podrá convertirse en un elemento importante en la vida de este continente.







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1 comentarios:
La misión en Asia es un arduo e incansable trabajo que no da espera. Hemos sido convocados por Cristo a llevar el Evangelio a todo el mundo y esto sólo es posible con perseverancia y sobretodo con mucho amor. En las manos del Señor estamos... que el pequeño trabajo de estos misioneros porduzca abundante fruto. Dios les bendiga.
Piedad G.
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